SEGURIDAD | Artículos | 01 JUL 2002

Seguridad desde la base

Sistemas de Alimentación Ininterrumpida (SAI)
Angel Fernández.
Si bien han sido desde siempre un elemento muy valioso, en la actualidad, completamente inmersos en plena era de la información, los datos de una empresa son, sin duda, su bien más preciado. Por este motivo, hoy en día se hace imprescindible la implantación de sólidos y eficaces sistemas de protección que garanticen su integridad ante cualquiera de las incontables amenazas que sobre ellos se ciernen. Entre éstas, las líneas eléctricas, además de proporcionar la necesaria alimentación son también una constante fuente de problemas que un SAI puede ayudarnos a mantener bajo control.

Históricamente, una de las más arduas tareas a la que deben enfrentarse todas las empresas es la protección de su información crítica. Y es que a pesar del profundo cambio que la irrupción de los sistemas informáticos han producido en el modo de generar y gestionar la información, la necesidad de adoptar sistemas que garanticen su integridad se ha visto acentuada proporcionalmente al volumen de los datos manejados.
Bien es cierto que las múltiples ventajas aportadas por la informática en este campo, como el eficaz acceso a los datos almacenados, una importante reducción del espacio requerido o la posibilidad de compartir la información en todo el mundo de forma sencilla e inmediata, son sólo algunos de los factores que han contribuido a la adopción generalizada de sistemas de almacenamiento digital, cambiando radicalmente nuestro modo de entender y manipular la información. No obstante, esta extremada fluidez significa al mismo tiempo una elevada volatilidad que no ha hecho más que acentuar la dependencia de las empresas hacia sus datos críticos. Esta dependencia ha multiplicado a su vez la necesidad de crear fiables sistemas de protección en base a prevenir todo tipo de desastres que pueden minar la estabilidad de la más sólida compañía.

Los pilares de la seguridad
En la actualidad, la amplia red construida alrededor de las Tecnologías de la Información forma una vasta estructura comercial que engloba un gran sector del pastel económico mundial. Sin duda, podemos afirmar que hoy la información más que una fuente de riqueza, es la propia riqueza. Así, de cara a la implantación de un sistema de protección de datos, toda empresa debe ser consciente de que la eficacia de dicho sistema dependerá directamente de la correcta valoración de los posibles riesgos. Incluso, resulta totalmente imprescindible adoptar las medidas necesarias para paliar o anular sus efectos en caso de que el desastre llegue finalmente a producirse. En la actualidad, la concienciación de las empresas en este sentido es muy elevada y resulta habitual la adopción de distintas soluciones de almacenamiento y recuperación de datos. Estas medidas pueden variar desde los sencillos sistemas de back-up, hasta la centralización de la información mediante servidores o la implantación de soluciones en entornos SAN (Storage Area Networks) o NAS (Network Attach Storage), en función del volumen e importancia de la información a proteger.
Sin embargo, este tipo de soluciones, aunque necesarias, deben ser adoptadas como un último recurso y, en todo caso, como complemento de otras medidas preventivas. Como siempre, es mejor prevenir y no dar lugar a que el desastre se produzca.
Pero para alcanzar este arduo objetivo no deben dejarse al azar ninguno de los elementos que puedan ser causa de problemas futuros ya que el más mínimo resquicio en el sistema de seguridad puede significar un desastre de dimensiones incalculables. Además, no debe pensarse que el peligro está únicamente en incidentes de gran envergadura, como desastres naturales o ataques terroristas, sino que la pérdida de información crítica puede venir de la mano del factor más insospechado. Uno de los más claros ejemplos, causa de multitud de problemas de muy distinta índole y materia de referencia obligada dada la naturaleza de los dispositivos analizados en el presente artículo, son los fallos en el suministro eléctrico. Y es que en muchas ocasiones, nuestro trabajo e incluso nuestra empresa penden de un hilo.

Una energía no tan limpia
Como todo el mundo sabe, la electricidad es, junto con el petróleo, una de las principales fuentes energéticas que ha contribuido de manera especial al desarrollo científico y tecnológico experimentado por la humanidad en este último siglo. Las principales aplicaciones a las que fue destinada la llamada “energía limpia”, iluminación, alimentación de motores o calefacción, continúan estando en la actualidad en plena vigencia. Del mismo modo, la instalaciones y técnicas de distribución de la electricidad, concebidas únicamente para posibilitar estas primarias aplicaciones, mantienen una infraestructura muy similar a la adoptada en su desarrollo inicial, ya que continúan resultando adecuadas para estos fines debido a la escasa exigencia, en lo que a calidad se refiere, de las aplicaciones mencionadas. Sin embargo, la aparición de los sistemas informáticos, tremendamente sensibles a los fallos en el suministro eléctrico, han evidenciado las carencias de estas instalaciones.
Aunque se trata de un dato poco conocido, los fallos apreciables en el suministro eléctrico, como apagones de larga duración, (considerando como tales aquellos que duran más de 1 segundo), son sólo una mínima parte de los que se producen en cualquier instalación eléctrica durante una típica jornada de trabajo. Por el contrario, una multitud de inapreciables anomalías, totalmente inevitables y difícilmente predecibles se producen con asiduidad, provocadas por los más diversos y vulgares motivos. Una tormenta cercana o la puesta en marcha de un equipo de alto consumo en las inmediaciones pueden causar cualquiera de estos errores. Aumentos o caídas de tensión, picos de voltaje o microcortes que hasta hace poco tiempo pasaban totalmente desapercibidos, amenazan ahora a millones de equipos informáticos y la información que éstos contienen. Incluso, algunos fallos en el suministro eléctrico no son claramente reconocibles, achacándose a otras causas algunos errores o averías producidos como resultado de una deficiencia eléctrica. Como último despropósito, las compañías eléctricas no se hacen responsables de los daños así provocados y son los clientes los únicos responsables de procurar la conveniente protección para sus equipos.

Factores de riesgo
Una vez reconocido el peligro que amenaza nuestra valiosa información, nos será mucho más sencillo tomar la decisión más acertada y esta decisión no puede ser otra que la de adoptar de inmediato las medidas necesarias para proteger convenientemente nuestro patrimonio. Pero si a pesar de los argumentos anteriormente esgrimidos aún conservásemos alguna duda al respecto, seguramente nos sintamos más motivados si dejamos de lado estas consideraciones más generales y procedemos a valorar nuestras particulares circunstancias.
Mediante esta valoración podremos enumerar los riesgos a los que estamos expuestos y, por tanto, las verdaderas necesidades de nuestra empresa de cara a la implantación de un sistema de protección contra fallos del suministro eléctrico. Por lo general, deben contemplarse los siguientes factores:

Frecuencia de fallos apreciables. Como hemos comentado anteriormente, los fallos de suministro eléctrico apreciables que

Comentar
Para comentar, es necesario iniciar sesión
Se muestran 0 comentarios