SEGURIDAD | Artículos | 15 DIC 2008

Almacenamiento externo ¿qué posibilidades hay?

Discos duros portátiles, movilidad y protección en estado puro
Manuel Arenas.
La cantidad de datos que se manejan habitualmente tanto en el ámbito de lo personal como profesional se incrementa constantemente de un modo casi exponencial. El ancho de banda de las redes de comunicaciones permite transportar elevadas cantidades de datos y el “cash flow” de información pone en serios aprietos los sistemas de almacenamiento locales. Si bien las políticas de inversión y desarrollo de las infraestructuras de almacenamiento en las grandes corporaciones están correctamente resueltas, el procesamiento de datos en el ámbito del usuario final, profesionales liberales o pequeñas empresas supone un serio reto. Es necesario realizar copias de seguridad, almacenar documentos, imágenes o contenidos multimedia, así como compartir los mismos datos entre sistemas distintos. Y en el caso de equipos portátiles la situación es más crítica si se tiene en cuenta la complicación a la hora de instalar más unidades de disco. Las soluciones de almacenamiento externo son, en este caso, las más recomendables para afrontar estas tareas con solvencia y sin que se necesite invertir una cantidad de dinero elevada.
En las soluciones de almacenamiento externo hay que diferenciar dos componentes esenciales: el disco propiamente dicho donde se almacenan los datos, y la interfaz para intercambiar datos entre el ordenador y la unidad de almacenamiento externa. Tanto uno como otro están caracterizados en términos de rendimiento a través de parámetros como la velocidad de transferencia, la velocidad de rotación o el ancho de banda de la inferfaz (o las interfaces, si usa varias) que se encuentren instaladas en un disco externo. En este caso, la velocidad efectiva es la menor de ellas, aunque en ocasiones se facilitan ambos de una manera un tanto ambigua de manera que se reflejen cifras de rendimiento que, aún sin dejar de ser verdaderas, no son realmente precisas.

Discos
El disco es el elemento donde se guardarán, en última instancia, los datos y los archivos con los que se trabaje. En la mayor parte de los casos se trata de discos duros con tecnología de almacenamiento magnético, aunque ya se empiezan a ver algunos modelos con tecnología flash y en los segmentos inferiores las llaves USB, también con memoria flash, ofrecen capacidades de 32 GB o 64 GB.
Los discos duros tradicionales integran sistemas de almacenamiento magnético compuestos por uno o más platos, los cabezales de grabación o lectura y un motor que se encarga de hacer girar al disco con una velocidad constante. Los platos o “platters” están recubiertos por partículas susceptibles de ser polarizadas, de modo que se tiene un método rápido y fiable de codificar los datos digitales. Los cabezales se pueden desplazar libremente en el espacio entre el perímetro exterior de los platos y el centro mientras estos giran a 5.400, 7.200, 10.000 o 15.000 rpm dependiendo del tipo de disco. La velocidad de transferencia depende precisamente de esta velocidad de rotación y también de la densidad de almacenamiento en los platos. A mayor número de partículas magnéticas por unidad de superficie, más datos se podrán escribir y leer para una misma velocidad de rotación al tiempo que se pueden fabricar discos de mayor capacidad. Por otro lado, las mejores tasas de transferencia se consiguen en la parte exterior de los platos al haber más información almacenada que en la parte interior, y que por, otra parte, debe leerse o escribirse en el mismo lapso de tiempo con lo que la velocidad de transferencia aumenta.
Por su parte, la tecnología de almacenamiento perpendicular ha supuesto un gran avance, al permitir densidades de almacenamiento magnético varios órdenes de magnitud por encima de la tecnología convencional. De este modo ya se puede hablar de discos de 3,5 pulgadas con hasta 1,5 TB de capacidad como los presentados por Seagate recientemente, y de 2,5 pulgadas para portátiles con hasta 500 GB, que serán superados con total seguridad en los próximos meses.
En los discos SSD (Solid State Disks), que usan memoria de estado sólido para almacenar la información ya no se usan métodos magnéticos para almacenarla, ni existen partes móviles. La información se almacena en puertas lógicas NAND o NOR en las que, dependiendo de su estado, se almacenan ceros o unos. De todos modos, hay distintos tipos de tecnologías para conseguirlo con resultados muy distintos en cuanto a rendimiento. Un primer criterio permitiría clasificar los discos como MLC o SLC (Multi Layer Cell o Single Layer Cell). En los primeros, los datos se empaquetan en unidades lógicas compuestas por varias células individuales, de modo que se abaratan la fabricación de estas memorias flash si se compara con las SLC, donde cada célula puede escribirse y leerse de forma individual, mejorando el rendimiento y la fiabilidad. De todos modos, los precios para este último tipo de discos siguen siendo muy elevados. También son elevados los de los discos MLC, y las capacidades de almacenamiento no alcanzan ni de lejos a las de los discos magnéticos convencionales.

Interfaces
Las formas de comunicación entre el ordenador y los dispositivos de almacenamiento son también muy diversas. SATA es actualmente la interfaz por excelencia, aunque está limitada a los dispositivos internos, con especificaciones que hasta ahora eran claramente superiores a las mejores cifras obtenidas por los discos “magnéticos”. Pero con la llegada de los discos SSD la situación cambia. Una configuración RAID 0 con discos SSD de elevado rendimiento puede poner en apuros a una interfaz SATA II con 3 Gbps. De todos modos, SATA no se usa para unidades externas de almacenamiento, siendo las más usadas USB, FireWire y, más recientemente, eSATA. Eso sí, internamente los discos externos usan unidades convencionales SATA a través de un puente SATA a USB o SATA a Firewire, por ejemplo.
Lo que sí empieza a verse de forma sistemática en los catálogos de productos son las soluciones basadas en interfaces eSATA. Otra nueva interfaz es Wireless USB pero aún se trata de un nicho de mercado reservado a audiencias muy puntuales y con velocidades que no aportan mejoras sobre USB 2.0, pero eSATA sí que está creciendo a gran velocidad gracias a sus facilidades de conexión y su rapidez. De hecho, en muchos de los equipos portátiles más modernos ya se incluye en el repertorio de conexiones de entrada / salida por defecto.
USB 2.0 es la más popular y universal, incluyendo su presencia en dispositivos electrónicos de consumo mediante la modalidad USB Host, que permite acceder a los contenidos de las unidades USB para aplicaciones como la reproducción de contenidos multimedia en dispositivos PVR, la reproducción de fotos en marcos digitales o la impresión de imágenes en impresoras fotográficas. Su velocidad de 480 Mbps es “suficiente”, aunque empieza a ser poco práctica, para manejar cantidades de datos muy elevadas. Además, supone un freno para los discos duros usados como almacén de datos propiamente dicho, de modo que dará igual si se trata de un modelo de 5.400 rpm, o de 7.200 o, incluso, de 10.000. La interfaz USB será la que imponga su velocidad.
Lo mismo ocurre con FireWire 400, y en menor medida para FireWire 800, donde sí puede haber discos más lentos que lo que especifica la interfaz, aunque los modelos más recientes con capacidades por encima de 1 TB y velocidad de rotación de 7.200 rpm, están ya por encima del l&
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