| Artículos | 15 JUL 2000

Impresoras láser B/N para entornos SoHo

Tags: Histórico
Ramón A. Fernández.
En la mayoría de los entornos de trabajo, a pesar del avance experimentado en el uso de los formatos digitales, todavía se sigue plasmando un considerable volumen de documentos en el tradicional y tangible papel. Por este motivo, las impresoras siguen siendo el periférico de primer orden que más demandan los usuarios. Si trasladamos esta necesidad a los entornos de trabajos reducidos, estos tratarán de buscar un compromiso entre prestaciones y costes.

La enorme variedad de impresoras, en cuanto a tecnologías, calidades y prestaciones, han conformado un basto mercado que cubre por completo todas las necesidades de los clientes más dispares, por grandes o pequeños que estos sean, y en el cual compiten duramente un buen número de empresas. El principal beneficiado en esta lucha sin cuartel ha sido el cliente, que ha visto como en una decena años se ha pasado de disponer de impresoras matriciales que se limitaban a cubrir el expediente de reflejar en un papel, generalmente en formato continuo, los textos pobremente elaborados de la época, a contar con equipos mucho más económicos cuyas capacidades eran impensables en aquel entonces.
Generalizando, las impresoras se pueden dividir en dos grandes grupos según la tecnología empleada, inyección de tinta y láser, si bien hay otros sistemas como las matriciales, sublimación, o térmicas, cuyo porcentaje respecto a los dos tipos principales es poco significativo.
Sin duda alguna, las impresoras de inyección de tinta son las reinas dentro del mercado de consumo. Su bajo precio de adquisición y la posibilidad de imprimir documentos en color, o incluso fotografías, a un coste medianamente razonable, han provocado su masiva proliferación en todos los hogares donde se dispone de un ordenador personal.
Por otro lado, las impresoras láser están más bien dirigidas a los entornos de trabajo en grupo, y según el tamaño de dicha entidad, dispondrán de prestaciones acordes con el volumen de impresión que se necesite. Esta tecnología requiere de un mayor desembolso a la hora de comprar una impresora láser y además, la contratación de un servicio de mantenimiento del equipo. Por el contrario, la ventaja de estos equipos es ofrecer un coste de impresión mucho más bajo, debido a la utilización de elementos preparados específicamente para estos menesteres, que el que se puede conseguir con las impresoras de inyección de tinta. Además, con la tecnología láser se puede alcanzar una mayor velocidad de impresión que permite mejorar la productividad del entorno evitando esperas innecesarias ante la bandeja de salida de la impresora.
Según estas indicaciones generales, conociendo nuestras necesidades resulta sencillo saber dirigir nuestros pasos a la hora de elegir la tecnología de impresión. Pero el tema que hoy nos concierne se restringe a un ámbito muy particular, los pequeños grupos de trabajo también conocidos como SoHo (Small Office/Home Office) presentan ciertas peculiaridades que complican esta elección, ya que, por un lado, suelen necesitar el color en sus documentos y, por el otro, es característico que también deban imprimir un volumen considerable de documentos en blanco y negro a lo largo de cada jornada laboral. Obviando la necesidad de una impresora de inyección de tinta a color, que bien puede ser tema para otro artículo, nos centraremos en la búsqueda de aquella impresora que a la hora de imprimir gran cantidad de documentos en blanco y negro no acabe rápidamente con el consumible del que está dotado el equipo. En resumidas cuentas, una impresora que ofrezca la mejor relación prestaciones/coste de impresión posible, y a día de hoy son las impresoras con tecnología láser las que proporcionan la posibilidad de acabar con el continuo derroche de tinta que supone imprimir una abundante cantidad de documentos donde el color no resulta imprescindible.

El diesel de la impresión
Tras la revolución multimedia se impulsaron las prestaciones y capacidades de los sistemas informáticos, donde la presencia del color en buena parte de los periféricos era casi obligada. Fue a partir de esa fecha cuando las impresoras de inyección de tinta comenzaron su imparable ascensión hasta alcanzar el elevado grado de perfección del que hacen gala la mayor parte de los equipos actualmente presentes en el mercado.
Como regla habitual, casi cualquier usuario doméstico posee una impresora de inyección de tinta a color, pero suele hacer un uso bastante restringido de ella debido a la corta duración y elevado coste de los cartuchos de tinta. En la mayoría de las ocasiones, únicamente se imprimen documentos en negro, siendo este hecho más acusado en aquellos usuarios que generan un alto volumen de documentos.
Sin embargo, mientras la mayoría de los usuarios domésticos han ido complementando sus sistemas informáticos con equipos de esta clase en los ambientes puramente empresariales, la presencia del color en la gran parte de los documentos impresos es meramente anecdótica y, por tanto, las impresoras láser monocromo ocupan un lugar predominante. No obstante, aquellas empresas que demanden a toda costa la impresión de un considerable volumen de documentos a color, deberán recurrir a la adquisición de una impresora láser a color.
Particularizando, en los pequeños entornos SoHo, salvo raras excepciones, se busca, con más ahinco si cabe, la máxima economía en los costes de impresión. Dejando a un lado la versatilidad de las impresoras de inyección de tinta a color, cuando se necesita una máquina con la cual imprimir una cantidad considerable de documentos, sin que ello menoscabe con suma frecuencia el bolsillo del cliente, las miras deben dirigirse a las impresoras con tecnología láser, y dentro de éstas hacia aquellas que estén al alcance de las posibilidades del futuro cliente.

El miedo escénico
Por otra parte, cuando los clientes menos familiarizados con cuestiones técnicas oyen hablar de la tecnología láser suelen asociarla a soluciones para ámbitos estrictamente profesionales. El razonamiento seguido para llegar a esta conclusión se basa en el supuesto alto coste de estos equipos y en las operaciones de mantenimiento y revisión que sobre ellos deben realizarse con cierta periodicidad. No es que no haya parte de razón en esta deducción, pero las cosas hay que medirlas con el mismo rasero.
Siempre que se haga un uso intensivo de la impresión de documentos, no sólo propongo comparar el ahorro que a medio y largo plazo supone sustituir cada impresora de inyección de tinta por otra de características similares con tecnología láser, que si se hacen bien los cálculos la reducción entre el consumo de cartuchos de tinta y tóner será más que significativo. Sino que, además, resulta mucho más rentable adquirir una impresora láser para que sea compartida entre todos los integrantes de un mismo departamento o pequeño grupo de trabajo que trabajen en red. Algunos usuarios consideran demasiado molesto tener que levantarse hasta el lugar en donde se encuentra situada la impresora para recoger el documento impreso, pero por esa misma razón se evita que se malgaste el papel y el tóner realizando tareas ajenas al trabajo. Asimismo, la drástica reducción del número de impresoras redunda directamente en una notable bajada de los costes de mantenimiento.
En definitiva, las impresoras láser están re

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