SEGURIDAD | Artículos | 01 JUL 2006

Seguridad ante los cortes de electricidad

Sistemas de alimentación ininterrumpida
Ramón A. Fernández.
Las peculiaridades que caracterizan a la amplia variedad de SAI que actualmente podemos encontrar en el mercado son muy diversas, debido a la extensa gama de productos ofrecidos por el nutrido grupo de fabricantes que cuentan en su catálogo con dispositivos de este tipo y se encuentran orientados hacia todo tipo de entornos y necesidades. Por ello, de cara a la adquisición de cualquiera de estos dispositivos, es preciso conocer, al menos superficialmente, su funcionamiento así como las principales tecnologías aplicadas.

El problema de la pérdida de datos no es exclusivo de los equipos informáticos domésticos. Los imprevisibles cortes en el suministro eléctrico afectan a todos por igual, desde el pequeño PC, hasta los grandes sistemas de las corporaciones o los superordenadores de algunos gobiernos.

Subiendo peldaños en la protección
Todos los equipos comprenden una serie de mínimos de seguridad, empezando por la propia fuente de alimentación. Aunque no se suele prestar mucha atención a este componente básico, en el mejor de los casos estaremos ante un dispositivo conmutado que, por su método de funcionamiento, alcanza un rendimiento muy elevado. Asimismo, y por lo general, las fuentes de alimentación incorporan en su interior sistemas de protección primarios como fusibles y filtros, capaces de eliminar dentro de ciertos valores los efectos que se producen en el suministro eléctrico. Pese a esta primera barrera de contención, la corriente eléctrica suministrada por la fuente de alimentación puede llegar a dejar pasar ciertas señales peligrosas o “morir” en el intento. De este modo, el caso más favorable es que nuestra fuente de alimentación sufra las consecuencias de un deficiente suministro eléctrico que acabará estropeando la misma. En el supuesto más pesimista, la fuente transmitirá, dado que no es su función principal, buena parte de los picos y microcortes a los delicados y sensibles componentes internos que verán mermadas sus esperanzas de vida o provocará fallos irreversibles en los mismos, generalmente en la placa base y unidades de disco duro.
Para tener un grado mayor de protección, existen en el mercado elementos que no son exclusivos del sector informático, sino que pueden utilizarse con cualquier electrodoméstico y que estratégicamente se sitúan entre el enchufe y el aparato en cuestión que queremos proteger. Su funcionamiento consiste, básicamente, en filtrar las señales eléctricas eliminando el ruido que pueda transportar y proteger a los equipos de posibles picos de tensión. Estos elementos, con precios muy asequibles, son las regletas de protección que, además de las características ya comentadas, ofrecen múltiples conectores (enchufes) eléctricos y suelen incorporar adicionalmente conexiones para proteger también la línea telefónica o de datos.
El paso siguiente para consolidar la seguridad en el suministro eléctrico de los equipos informáticos es la adquisición e implantación de un SAI, que además de incorporar las características de las regletas de protección, permite mantener en funcionamiento el sistema informático cuando acontece un corte en el fluido eléctrico general. De este modo, cuando “se va la luz”, el sempiterno, anónimo y vigilante SAI irrumpe veloz y automáticamente en escena para proporcionar el suministro eléctrico necesario con el que no quedarnos a oscuras. Es decir, según la capacidad de almacenamiento de sus baterías, permitir a los usuarios almacenar debidamente los archivos y documentos sobre los que está trabajando, realizar las copias de seguridad que estimen oportunas y apagar correctamente el equipo de forma segura. Obviamente, en casos de imperiosa necesidad también es posible exprimir al máximo la energía de nuestro SAI para terminar ese informe urgente que debemos enviar a toda costa por correo electrónico.
Naturalmente, según crecen el número de equipos a proteger y la complejidad del entorno de explotación, la solución se vuelve cada vez más complicada y sofisticada.

Un sencillo esquema que ofrece un gran servicio
Muy a grandes rasgos y sin querer entrar en demasiados detalles técnicos, los SAI están generalmente constituidos por tres bloques principales.
En primer lugar, contamos con el concurso de un rectificador-cargador de baterías, también conocido como convertidor, encargado de transformar la corriente alterna que nos llega de la red eléctrica en corriente continua y cargar las baterías.
Por otra parte, y como elemento principal, disponemos de un grupo de baterías, generalmente herméticas y fabricadas a base de plomo, para almacenar la energía y recuperarla instantáneamente cuando sea menester y que, según las necesidades de nuestro entorno de explotación, ofrecerán períodos de autonomía que variarán de 5 a 30 minutos o más.
Por último, un convertidor estático, denominado también inversor, será quien transformará la tensión continua procedente de las baterías en corriente alterna perfectamente estabilizada y filtrada en tensión y/o frecuencia para alimentar los equipos y dispositivos informáticos que deseamos proteger.
No obstante, y con el objeto de mejorar este diseño básico, estos tres componentes elementales suelen estar complementados con otras funciones adicionales. En concreto, la integración de un regulador automático de voltaje (AVR) nos permite incrementar la tensión de entrada hasta situarla en valores aceptables, disminuyendo así el número de veces que el inversor actúa sobre las baterías. Asimismo, la presencia de un conmutador “by-pass” automático asegura la alimentación en el caso de avería del propio SAI, si bien deberemos asegurarnos de que cuenta también con el debido aislamiento eléctrico.
Finalmente, cada vez es más habitual contar con numerosas opciones de señalización mediante la inclusión de testigos luminosos y acústicos, así como capacidades de mantenimiento local o a distancia del equipo a través de puertos de conexión.

Una solución con múltiples variantes
Aunque a grandes rasgos el funcionamiento básico de los SAI es aparentemente simple y puede hacerse extensivo a todos ellos, existen diferentes tecnologías que presentan variaciones de funcionamiento entre sí o incorporan una serie de componentes adicionales encargados de mejorar el rendimiento del dispositivo y que los hacen más o menos aptos para dar protección a nuestra estructura funcional.
Consecuentemente, y a lo largo de todos estos años se consolidaron tres términos “on-line”, “off-line” y “línea interactiva”, bajo los cuales se han agrupado la mayoría de los modelos desarrollados por los distintos fabricantes. Si bien, la falta de un estricto criterio regulador, permitió numerosas topologías estructurales en los SAI que, en muchas ocasiones, no se ajustaban realmente a su clasificación real. Para poner fin a este controvertido escenario, la Comisión Internacional Electromecánica (IEC), ha establecido estándares para diferenciar los distintos tipos de SAI y los métodos para medir su rendimiento. Asimismo, las normas de este comité han sido adoptadas también por CENELEC, el comité europeo de estandarización. En concreto, el estándar IEC 62040-3 y su equivalente euro

Comentar
Para comentar, es necesario iniciar sesión
Se muestran 0 comentarios