SEGURIDAD | Artículos | 15 JUL 2002

La evolución del almacenamiento óptico

Unidades combo (DVD-ROM+CD-R/RW)
Ramón A. Fernández.
Mientras el mercado informático permanece a la espera de la definitiva consolidación del último y más funcional formato grabable en DVD, el DVD+RW, la gran mayoría de los usuarios domésticos, reacios a invertir en tecnologías no consagradas, continuarán durante bastantes años aún sacando el máximo partido a la practicidad del formato CD en sus distintas acepciones, especialmente en el terreno de la grabación de datos digitales. Pero, al mismo tiempo, tampoco están dispuestos a renunciar a los numerosos atractivos sujetos al más versátil formato DVD, aunque por el momento tan sólo sea en algunas de sus distintas modalidades.

Tal y como era previsible, el sueño de muchos usuarios domésticos se ha hecho realidad con la aparición del formato de unidades de almacenamiento óptico combo (DVD-ROM+CD-R/RW). Sin duda alguna, la llegada de las capacidades multimedia a los equipos informáticos personales propiciaron la incorporación de las unidades de CD-ROM y, consecuentemente, la aparición de las unidades CD-R/RW, como culminación de las múltiples y polifacéticas posibilidades del ordenador personal. En este sentido, cada vez son menos los usuarios que entre su lista de periféricos predilectos no figura una unidad CD-R/RW en las primeras posiciones. Todo ello ha llevado en pocos años a un espectacular abaratamiento del precio, tanto de los propios dispositivos como de los soportes.

Asimismo, el paulatino crecimiento de las posibilidades multimedia de los ordenadores personales y, en especial, los archivos de audio en formato MP3 o las más recientes películas DivX ;-), han puesto en evidencia que la aparente relativa escasa capacidad de almacenamiento del versátil y funcional soporte CD, puede dar mucho más de sí.

Por otra parte, la incertidumbre reinante en el seno del DVD Forum y, más concretamente, la falta de entendimiento a la hora de adoptar un único formato de grabación, ha generado un clima de enorme desconfianza entre los usuarios domésticos en todo lo referente a la grabación en cualquiera de los formatos DVD.

Ante este panorama, muchos son los usuarios que, cansados de la volatilidad que caracterizan a muchas de las soluciones informáticas de última generación, prefieren apostar a caballo ganador con la masiva explotación de las unidades grabadoras de CD, con las cuales disponer de un medio inmejorable para la copia y almacenamiento de datos. Asimismo, estos mismos clientes como perfectos conocedores de los múltiples beneficios asociados a la utilización del formato DVD, especialmente en el lúdico terreno de la reproducción de películas digitales de alta calidad, DVD-Vídeo, no están dispuestos a privarse de tales privilegios audiovisuales.

No es de extrañar, por tanto, que la demanda de unidades para la grabación y regrabación de CD, así como lectoras de soportes de DVD-ROM, no haga más que crecer. Por estos motivos, resulta casi obligado realizar un pormenorizado repaso a las principales cuestiones técnicas y tecnologías que giran entorno a estos sistemas digitales basado en la tecnología óptica para el almacenamiento removible de datos. Por todo ello, esta parte del presente Tema de Portada versará sobre los aspectos fundamentales que todo dealer debe conocer en profundidad para aconsejar adecuadamente a sus clientes, tanto actuales como futuros.


El CD-R, el origen del fuego digital
Pero antes de entrar en el apasionante panorama tecnológico concerniente al DVD y sus múltiples facetas, es de obligado cumplimiento repasar con cierto detalle las particularidades técnicas relativas a los distintos formatos de grabación en CD y que caracterizan a las actuales unidades CD-R/RW, así como también a las más versátiles unidades combo.

Obviamente, para comprender en su totalidad las distintas peculiaridades y avatares transcurridos a los largo de estos últimos 15 años en el seno del formato Compact Disc, no hay más remedio que empezar a describir desde sus inicios los orígenes de los formatos grabables, así como las numerosas consideraciones relacionadas con el sector del almacenamiento óptico y sus aplicaciones en el campo de la informática.

Sin la pomposidad y grandilocuencia que acompañan actualmente la presentación de cualquier nueva tecnología en el seno de la informática, y de la mano de dos padrinos de excepción, Philips y Sony, en 1988 se presentó el libro naranja, en el que se detallaban los pormenores técnicos relativos al Compact Disc Recordable, mucho más conocido como CD-R. A pesar de que la primera parte de este famoso texto trataba las cuestiones relativas a los dispositivos magneto-ópticos y que, en principio, no tenía mucho que ver con la tecnología puramente óptica empleada en el CD, la segunda parte, por el contrario, sí está dedicada por entero a los detalles técnicos que dieron forma y formato al CD-R.

Originalmente, y tratando de mantener la mayor similitud estructural posible con el CD-ROM, la estructura de los primigenios CD-R presentaba una formato similar al de los CD-ROM, con una pista de entrada y otra de salida entre las que se encuentra el área de programa. Sin embargo, y debido al empuje de la informática, que ve en el CD-R uno de sus aliados perfectos en la conquista de la revolución multimedia de principio de los años 90, pronto se ve la necesidad de modificar esta estructura que obliga a grabar todo el disco de una vez. Así, se pasa del método DAO (Disk At Once) al TAO (Track At Once) que permite grabar cada pista por separado. Es decir, que para grabar un disco CD-R ya no es necesario disponer previamente de toda la información que se desea “quemar” en el CD-R, sino que, según las necesidades de cada usuario, esta información se puede ir añadiendo paulatinamente, en múltiples sesiones. Con ello aparece el concepto de multisesión y la primera modificación en la estructura fundamental de los CD.

No obstante, esta ventaja encierra una serie de pequeños inconvenientes, que no deben obviarse si no queremos encontrarnos con desagradables sorpresas durante los sucesivos procesos de grabación. Concretamente, la necesidad de añadir datos en diferentes sesiones obliga a que cada sesión tenga sus propias pistas de entrada y salida, y esto supone un consumo importante de espacio. Las pistas de entrada ocupan 8,8 MB por sesión, mientras que las de salida ocupan 13,2 MB en la primera sesión y 4,4 en las siguientes. Esto hace que sea más interesante grabar pocas sesiones grandes que muchas pequeñas. De hecho, el máximo número de sesiones que se puede grabar es de 48, quedando reducido el espacio total para datos a tan sólo 9 MB. En la práctica, a partir de 10 sesiones el espacio útil se reduce a menos de 534 MB, dejando de ser lo suficientemente ventajoso y práctico.


CD-RW, el formato reutilizable
No contentos con esta sustancial mejora, y conforme se realizaban importantes descubrimientos tecnológicos en el tratamiento de nuevos materiales, los promotores del Compact Disc vieron la posibilidad de solucionar los dos principales inconvenientes asociados al

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