DISTRIBUCIÓN | Artículos | 01 DIC 2009

¿Es el seguro de crédito la mejor protección ante un contexto de crisis económica?

Joan Rabella y José M. Rodríguez.
Aunque resulte paradójico, el aumento de las insolvencias y la precariedad en los cobros ha supuesto una caída cercana al 15 por ciento del número de contratos de seguro de crédito en vigor en 2009. Por contra, el volumen de primas pagadas a través de este tipo de contratos de seguro se mantiene, e incluso se incrementa, fruto del fuerte aumento de primas imperante en el sector.

Sin duda, se trata de una consecuencia más de la actual crisis económica y del aumento exponencial de los impagados y de los concursos de acreedores, que padecemos desde mediados de 2008. Esta importante reducción de contratos se ha concentrado, básicamente, en tres tipologías distintas de empresas: las relacionadas con el sector de la construcción, las pertenecientes a sectores con índices de siniestralidad muy bajos (incluso en la actual coyuntura de crisis) y, por último, empresas de diversos sectores, que aún con motivos más que suficientes para seguir aseguradas han decidido “jugársela” por su cuenta y riesgo.

Las causas
Las causas que han conducido a esta situación de orfandad han sido muy diversas, pero podemos destacar entre las más importantes las anulaciones unilaterales realizadas por los aseguradores de crédito, que ha afectado sobre todo a pólizas muy deficitarias, con ratios de siniestralidad elevadísimos. En el otro extremo encontramos a los asegurados, que han anulado sus contratos de seguro como consecuencia de las medidas incorporadas por los aseguradores para combatir el aumento exponencial de la siniestralidad (reducción generalizada de las clasificaciones y/o aumento exponencial de las primas).
Esta afectación de pérdida de contratos ha impactado de forma muy distinta según el asegurador de crédito que tomemos como ejemplo. Las estrategias y políticas adoptadas por los aseguradores de crédito para adaptarse a la nueva coyuntura de crisis y combatir los siniestros no ha sido aplicada de la misma forma, ni con la misma intensidad, y, por lo tanto, la pérdida de contratos ha afectado en mayor medida a los aseguradores que han sido más expeditivos en sus estrategias, consecuencia de un análisis más catastrofista de la crisis.

El problema
Esta situación ha provocado, en un número importante de empresas, el nacimiento de un nuevo problema, que ha llevado y lleva de cabeza a sus direcciones financieras, comprobar que, de la noche a la mañana, se han quedado huérfanos del que hasta hoy era su departamento (externo) de crédito. Nos referimos, a su asegurador de crédito.
Esta nueva realidad ha supuesto un duro revés para los departamentos financieros, que han visto que debían sustituir a los aseguradores de crédito y no sabían cómo hacerlo de una forma rápida y efectiva. La solución pasaba forzosamente por la internalización de la gestión del crédito a la vieja usanza, donde la propia empresa debía gestionar desde el principio hasta el fin la vida del crédito a clientes, desde su nacimiento (¿qué crédito otorgamos internamente a nuestro cliente?) hasta su enfermedad o muerte (¿cómo gestionamos eficazmente el impagado o la insolvencia? ¿A través de quien?).

Las soluciones
En Jori Armengol, corredor especializado en seguros de crédito desde hace 107 años,. Se inició hace casi dos años un importante trabajo de análisis de los problemas que pensábamos se generarían en el sector del seguro de crédito en un contexto de crisis, que con su generación efectiva fueron fruto de constatación, investigación y búsqueda de soluciones. La visión certera de los acontecimientos que afectaron al sector de la construcción en nuestro país, permitió, con una buena gestión del tiempo, encontrar y desarrollar soluciones aseguradoras menos conocidas, junto a herramientas alternativas y/o complementarias al seguro de crédito, que, una vez puestas en práctica y constatada su eficiencia, ahora podemos ampliar al resto de sectores. Lo más difícil para nosotros fue mentalizar al empresario, que aún no era consciente del verdadero impacto de la crisis, que debía invertir más recursos en prevenir y combatir el impagado, puesto que el seguro de crédito no iba a ser la solución a todos sus problemas. Debía implementar con urgencia sus propios procedimientos de gestión del crédito a clientes, puesto que en función de la envergadura de la crisis, el seguro de crédito no podría soportar la cobertura de una parte importante de sus créditos, como finalmente sucedió. Si esperábamos que las soluciones nos llegaran desde fuera estábamos perdidos. Lo verdaderamente importante era, y es, ser conscientes de que debemos implementar cambios para combatir una situación de crisis y hemos de tener claro que las primeras soluciones las hemos de encontrar en nosotros mismos, introduciendo los cambios y herramientas necesarias para estar mejor preparados para afrontar y combatir las dificultades en el cobro a clientes y poder complementar con garantías la eficiencia de un seguro de crédito.
No cabe duda de que uno de los principales problemas que existen cuando alguien habla de invertir en un contexto de crisis es cómo no, la política de austeridad en el gasto que aplicamos en todas nuestras empresas. Pero debemos saber que difícilmente encontraremos una inversión más justificada y rentable que ésta: invertir en protegerse de las insolvencias es sinónimo de incremento en la rentabilidad del negocio.
Aumentar la plantilla del departamento financiero para garantizar un mayor control en la gestión del crédito a clientes no es, como resulta obvio, el tipo de solución más deseado por la dirección general de una empresa en tiempos de crisis. Por este motivo, debemos implementar soluciones y herramientas que tengan una menor repercusión en coste y ninguna necesidad de aumentar la plantilla, y, por el contrario, nos aporten una garantía de reducción en posibles pérdidas futuras.

Parametrización, organización y ejecución sistemática de tareas
La única forma de conseguir ejecutar más tareas en un departamento, con la misma plantilla y con un estándar de calidad alto, es conjugando tres factores, que parecen a priori muy sencillos de conseguir, pero que, en realidad, son muy difíciles de cumplir, sin ayuda externa. Nos referimos a la parametrización, organización y ejecución sistemática de tareas. Las óptimas herramientas de gestión son aquellas que permiten la correcta implementación de los procedimientos internos de crédito, optimizan el tiempo del personal del departamento y aportan medidas de control en los procesos que, precisamente, garantizan su cumplimiento, tanto en plazo como en forma. Para saber con certeza si estamos en el camino correcto, debemos ponernos en manos de profesionales que, a partir de una visión externa, especializada e independiente, nos ayudarán a implementar o mejorar los procedimientos de gestión integral del crédito a clientes, más adecuados para afrontar la actual coyuntura económica.
No sólo debemos contratar a una consultora especializada en el crédito a clientes que nos permita alcanzar los objetivos de insolvencias planteados por el consejo de administración de nuestra empresa, sino que es importantísimo, máxime en sectores como el tecnológico, disponer de las herramientas informáticas necesarias para garantizar su consecu

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