TENDENCIAS | Artículos | 01 JUL 2009

Burbujas financieras y análisis del sistema financiero español

Primer informe de la comisión de investigación en mercados de capitales de e-Quatium
José A. Mena García.
Inmersos en una crisis que el consenso ubica entre las peores del último siglo, intentaré en este artículo narrar algunas de sus posibles causas y catalizadores, glosar hábitos saludables en el terreno de la inversión de capitales, denotar la situación en la que se encuentra el sector financiero en España y, por último, embocar lo imposible, pronosticar los derroteros por los que puede deambular la economía en el corto y medio plazo.

La ventaja de esta tribuna radica en que entre su público objetivo destacan emprendedores, sinónimo de creatividad y heterodoxia, profesionales liberales luchando por lanzar su proyecto empresarial y jóvenes con elevada formación y cualificación profesional en el terreno tecnológico. Por esta razón intentaré dar un enfoque poco ortodoxo, orientado hacia un público que observa de soslayo el ámbito económico aunque sabedor de lo indispensable que es para sus finanzas, tanto a nivel de empresa como particular.

¿Cómo hemos llegado a la situación actual?
Voy a realizar un ejercicio que suelo criticar, aunque entiendo que el neófito necesita, de alguna manera, manejar alguna historia coherente del devenir de los acontecimientos, y no hay otra forma que hilvanar una narración en la que se reúnan los acontecimientos relevantes.
Finalizada esta narración de eventos me adentraré en un terreno más metafísico desde el que plantearé enfoques heterodoxos que denoten la vocación de este escribano.
No queda más remedio que realizar una breve revisión histórica para intentar comprender que eventos han sido los catalizadores de la situación que presenciamos y que damos en llamar crisis financiera y recesión económica. Aviso que está bastante influida por los vientos que vienen de la escuela austriaca de economía.
Probablemente el creciente desajuste entre la ingente expansión crediticia y la inexistencia de ahorro haya desembocado en la crisis económica que sufrimos.
En los últimos 15 años el crédito concedido por el sistema bancario ha crecido a tasas de entre el 7-10 por ciento, mientras que el ahorro no crecía, incluso presentaba tasas negativas, extremando el desajuste hasta cotas que en algún momento llegarían a ser insostenibles.
Con los dos primeros gráficos pretendo resaltar el enorme incremento de la oferta monetaria a nivel mundial, destacando sobremanera la irracional expansión materializada desde y durante el último trimestre de 2008.
Vicios ocultos de un entramado financiero que vende como certezas las corrientes conceptuales que consiguen encumbrarse gracias a la connivencia de un poder político que necesita trasladar a su electorado historias creíbles y proyectos que, aún siendo diseñados como hipótesis, se venden como leyes irrefutables.
Nos han engañado con la idea del libre mercado cuando en realidad las economías occidentales están altamente intervenidas. Los banqueros centrales, especialmente la Reserva Federal norteamericana, han orquestado el proceso de expansión crediticia, demasiadas veces inyectando dinero en épocas de tipos de interés excesivamente bajos, provocando crecimiento ficticios de la economía, cimentados en el crecimiento del crédito en lugar de en el incremento del ahorro. Cada recesión que se intuía era saludada con creación de ingentes cantidades de dinero y tipos reales negativos, desincentivando cualquier atisbo de ahorro e incentivando la actividad empresarial. Sobredimensión en casi todos los sectores económicos, agentes sociales endeudados, pinchazo de la burbuja inmobiliaria y amenazantes y probables burbujas en los bonos, son otros de los eventos que amenazan con empeorar la situación actual.

Intermediación
Los banqueros nos han vendido la idea de que se encargan de intermediar entre depósitos y préstamos aunque no es del todo cierto. Hay obligación de mantener un coeficiente de caja del cien por cien para la emisión de papel moneda, aunque no hay esta exigencia para la emisión de depósitos, así que a esta actividad se ha aplicado la Banca. Se ha expandido el crédito mediante ajustes contables y lo han permitido los banqueros centrales. Al ciudadano de a pie le han trasladado el mantra de que reciben dinero por un lado y lo prestan por otro, aunque no es del todo así. En realidad el sistema bancario no intermedia entre unos que prestan y otros que ahorran, realmente lo que hacen es crear el dinero de la nada, asumiendo muchas veces apalancamientos (1) exagerados y peligrosos. ¿Cómo se crea el dinero de la nada?, concediendo préstamos cuyo colateral (2) son depósitos de nueva creación en forma de asientos contables, para, acto seguido, entregar el talonario, al particular o a la entidad jurídica que recibe el préstamo, para que comience a gastar.
La prueba de que no hay un requisito previo en forma de exigir la existencia de ahorro antes de permitir el crecimiento del crédito reside en que aproximadamente sólo el 10 por ciento de la masa monetaria total está impresa en forma de dinero, las otras 9 partes son los depósitos en forma de asientos contables. El depósito es dinero virtual, nadie lo ha ingresado. El peligro está en que igual que se crea, se destruye en los procesos de contracción económica como el que estamos viviendo.
Es tal la connivencia del poder político y es tan peligrosa la espiral consentida de expansión crediticia mediante asientos contables que no se puede permitir la quiebra de bancos de depósitos. Si hemos dicho que la mayor parte de esta expansión está en forma de ajustes contables, la desaparición de un banco de depósitos conllevaría la desaparición, por el mismo arte de magia que sirvió para generarlo, de dinero que en su mayor parte no tiene una plasmación física. Es un tema tan delicado que todos los gobiernos se han puesto manos a la obra para que no ocurra y la receta ha sido generar aún más dinero de la nada y endeudarse hasta cotas que hace unos años habrían sido tildadas de irracionales y peligrosas.
No se puede calificar de otra manera que de huida hacia delante, con implicaciones que desconocemos y que sólo el futuro y el día a día nos irán mostrando.
En el intento de ubicarles conceptualmente sobre el terreno que estamos pisando y sobre las manos y cabezas en las que estamos depositando nuestro futuro, voy a remontarme unos lustros en el tiempo, trasladándoles historia y moralina a la par. Situémonos en el segundo mandato de la era Reagan, hace algo más de 25 años (es una ventaja contar con la perspectiva que da el tiempo). Era un momento en el que se enfrentaban dos corrientes económicas, los keynesianos que apoyan las políticas que incentivan la demanda frente a los monetaristas que mantienen la bondad de las políticas que animan la oferta.
Los primeros eran denostados en aquella época por el período de estanflación que se había vivido en USA y que no era bien explicado por sus modelos, entre ellos la curva de Philips, mientras que los segundos eran la corriente en auge, ocupando el puesto que dejaban vacante los pensadores keynesianos (a los que ahora se está volviendo), apoyados en el creciente interés que suscitaban las teorías de oferta y encumbrando la curva de Laffer como paradigma irrefutable (que ironía, por supuesto desde la ventajosa posición de analizarlo 25 años después).
No ahondaré más en la parte teó
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