| Artículos | 15 FEB 2002

Webcams

Tags: Histórico
La comunicación visual: el nuevo reto del siglo XXI
Ramón A. Fernández.
Entre las innumerables definiciones y conceptos asociados al fenómeno de Internet, destaca especialmente su extrovertido carácter de ventana al mundo. No obstante, durante bastantes años esta pseudo-ventana tan sólo era capaz de ofrecer sus variados contenidos en formato de texto, al cual se añadieron posteriormente gráficos e imágenes, que dieron un renovado impulso y mayor protagonismo a la hoy omnipresente Internet. La culminación evolutiva llegó cuando las nuevas tecnologías permitieron ofrecer a la comunidad internauta una instantánea real y fidedigna de lo que acontece en cualquier punto del planeta, dando así pleno sentido a una de las máximas que caracterizan a la red de redes.

Entre las numerosas características que diferencian al hombre del resto de los seres vivos que habitan este planeta, su extraordinaria capacidad para la comunicación con los demás miembros de su especie es quizá una de las más significativas y relevantes. Asimismo, desde tiempos inmemoriales el ser humano ha buscado denodadamente nuevos sistemas que potenciaran esta especial cualidad. En este sentido, los dos principales objetivos perseguidos radicaban en la perdurabilidad de la información que se deseaba transmitir y en lograr que las distancias que separaban a los interlocutores no fueran obstáculos insalvables. Actualmente, viendo la enorme variedad de sistemas de comunicación, sus increíbles capacidades y posibilidades, así como la influencia que sobre la sociedad moderna tienen los distintos medios de comunicación, no cabe duda de que los primigenios objetivos se han cubierto con creces. Sin embargo, el afán perfeccionista y pionero, que también caracteriza a la especie humana, no ha dicho todavía su última palabra en este terreno. Y es que, según se alcanzan metas inimaginables en el campo de la telemática, protagonista de excepción en las modernas comunicaciones, surgen nuevos retos a los que enfrentarse para continuar avanzando en el desarrollo y evolución de las distintas sociedades en las que se agrupan los habitantes del planeta Tierra.
De un tiempo a esta parte, la simbiosis entre la informática y las telecomunicaciones (telemática) ha dado pie a una auténtica revolución en el seno de las comunicaciones. A este respecto, tanto la telefonía móvil como las comunicaciones a través de Internet y, en especial, el correo electrónico, han dado un completo vuelco al estilo de vida de gran parte de los habitantes de este planeta. Da igual el entorno en el que nos movamos, empresarial o particular, la presencia de estos nuevos métodos de comunicación son una constante allá donde vayamos. Evidentemente, su masiva explotación al servicio de las empresas pequeñas, medianas o grandes, han contribuido notablemente a elevar la capacidad productiva de las mismas, por su decisiva influencia en todo tipo de operaciones y transacciones comerciales. Siempre se ha dicho que la información es poder, motivo por el cual contar con los medios que propicien una posición ventajosa con respecto a la competencia resulta del todo prioritario.
A día de hoy, una vez que se han cubierto casi en su totalidad buena parte de las necesidades comunicativas de la sociedad desarrollada de principios del siglo veintiuno, podría pensarse que quedan pocos obstáculos que superar. No obstante, todavía existe una asignatura pendiente que, si bien tecnológicamente puede decirse que el problema está suficientemente resuelto, a efectos prácticos y de implantación no puede afirmarse que su utilización goce de gran éxito y popularidad. Aunque, para hacer honor a la verdad, los nuevos avances en el campo están propiciando las necesarias condiciones técnicas para que sea posible la transmisión de un gran volumen de información sin que los costes asociados sean desorbitados. Evidentemente, y como ya habrán logrado adivinar nuestros lectores, nos estamos refiriendo a las comunicaciones en las que, de un modo u otro, se trasmiten imágenes digitales en tiempo real, ya sean secuencias de vídeo grabadas o en directo. Y, en concreto, a la posibilidad de que cualquier usuario, ya sea profesional o particular, pueda establecer una comunicación (videoconferencia) en la que, además de la voz o datos, pueda enviar y recibir secuencias de vídeo digital, más o menos, continuas, sin que para ello deba recurrir a la utilización de una infraestructura especialmente sofisticada ni cara.

Cámaras de videoconferencia, webcams y de vídeo streaming
Pero antes de introducirnos con mayor profundidad en este apasionante campo de las telecomunicaciones, hemos de puntualizar varios conceptos que habitualmente se utilizan en el mundillo informático y que se asocian, con mayor o menor acierto, a una misma terminología: webcam.
Para empezar, por webcam, cámara para la Web o, inequívocamente, cámara de videoconferencia, entendemos aquel dispositivo que genéricamente es el encargado de capturar las imágenes procedentes del exterior para, posteriormente, convertirlas en algún tipo de formato digital que entienda y pueda ser usado por un equipo informático. No obstante, esta función puede ser desempeñada por una enorme variedad de dispositivos con la ayuda adicional, o no, de otros elementos auxiliares. Así, encontramos que desde las convencionales videocámaras analógicas o digitales, pasando por algunas cámaras fotográficas digitales, hasta las más sencillas y económicas cámaras para ordenador se pueden acoger a esta denominación, si bien, son estas últimas las que en la práctica han adoptado la denominación de webcam.
En segundo lugar, el término de webcam también está asociado a una determinada modalidad de transmisión de vídeo a través de Internet. Así, la denominación de streaming o secuenciación multimedia, hace referencia al conjunto de estrategias y tecnologías que permiten la reproducción de secuencias de vídeo o sonido almacenadas en un equipo remoto por medio de la utilización de conexiones de red, ya sean LAN o WAN, pero teniendo en Internet su medio de difusión más extendido. De manera similar, el concepto de webcam tiene una finalidad y medios de propagación comunes al streaming de vídeo. Si bien, a diferencia de este último, el resultado final se aleja un poco de la clásica sucesión de imágenes fijas con apariencia de continuidad, ya que, básicamente, se trata de la emisión de imágenes fijas con una cadencia relativamente lenta.
En síntesis, la diferencia entre el concepto de webcam y una transmisión de vídeo por Internet radica esencialmente en el volumen de información transmitida. Asimismo, debido a los elevados condicionantes que acarrea el tratamiento de grandes cantidades de información, los sistemas de secuenciación multimedia a través de Internet requieren un mayor ancho de banda y poseen una mayor complejidad para llevarse a cabo, mientras que las distintas soluciones de webcam no precisan de un ancho de banda tan significativo, ya que utilizan formatos de máxima compresión y pequeños tamaños de imagen.

La imagen, como factor de valor añadido
No cabe la menor duda de que tanto Internet como el correo electrónico han revolucionado los métodos tradicionales del trabajo colaborativo debido a los cuantiosos beneficios que su acertada explotación proporcionan a cualquier tipo de negocio. Sin embargo, nos cuesta creer que todav
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