| Artículos | 15 SEP 2003

Videocámaras miniDV

Tags: Histórico
La revolución doméstica del vídeo digital
Ramón A. Fernandez.
Vivimos en una época en la que la televisión y el vídeo se han alzado, por méritos propios, como elementos de especial relevancia en nuestra actividad cotidiana. Al mismo tiempo, los nuevos y múltiples desarrollos en el prolífico campo de la informática ponen al alcance de la mano de cualquier tipo de usuario las posibilidades creativas de las grandes productoras de cine y televisión. El sueño de convertirse en un director de cine es, actualmente, una posibilidad que puede hacerse realidad con una pequeña inversión de dinero. Lograr el éxito y la ansiada fama ya son otras cuestiones ajenas completamente a las posibilidades y prestaciones de las modernas herramientas digitales, y que tienen mucho más que ver con las verdaderas capacidades creativas y artísticas de quienes hacen uso de ellas.

En los últimos tiempos, todo lo relacionado con el mundo del vídeo ha dejado de ser un objeto totalmente inaccesible para la gran mayoría de los mortales para convertirse en una atractiva área de negocio, tanto para el ámbito estrictamente profesional como en el terreno del aficionado, en la que tienen cabida todo tipo de explotaciones desde las puramente productivas relacionadas con la realización y composición de material audiovisual hasta los usos más informales y lúdicos propios de los usuarios domésticos.
Queramos o no, la imagen en movimiento nos rodea, tanto en sus distintas modalidades analógicas como en las más versátiles y flexibles variantes digitales. Obviamente, las múltiples y significativas ventajas que ofrece el vídeo digital, en cualquiera de sus formatos, están desplazando rápidamente a las tecnologías y herramientas usadas tradicionalmente. Por lo tanto, la transformación a los nuevos formatos digitales es una constante en todo tipo entornos de explotación y a la que no puede permanecer ajeno el canal de distribución.

El poder del mundo digital sobre el analógico
El nuevo y apasionante mundo del vídeo, desde su adquisición hasta su distribución, pasando por su edición, es un proceso con un denominador común, el uso y tratamiento de información digital. No descubrimos nada nuevo al decir que el vídeo analógico se ha quedado obsoleto a todos los niveles, excepto en lo que se refiere a la ingente cantidad de material almacenado en este soporte. Si bien todo este legado de información, en muchas ocasiones documentos únicos de incalculable valor artístico, sentimental, o documental, puede y debe convertirse a los nuevos formatos digitales, sin que por ello tenga que haber una merma en calidad del nuevo vídeo digital con respecto al original analógico. La única pregunta práctica con respecto a lo inevitable es el tiempo que debe durar el proceso de transición del vídeo analógico al digital.
En la metamorfosis sufrida por el vídeo hacia su actual fisonomía digital, el primer paso significativo en esta evolución tecnológica se centró en el campo de los efectos artísticos. Tras el fulgurante éxito de los innovadores efectos digitales en las composiciones de vídeo, le llegó el turno poco tiempo después al propio proceso de la edición de vídeo en toda su extensión. Posteriormente, y debido a que, en la actualidad, la mayoría de las labores de edición se realizan en potentes estaciones de trabajo digitales, era del todo lógico que el punto inicial de cualquier proyecto, la captura de las secuencias de vídeo, evolucionase también hacia el terreno de lo digital. Nace entonces el formato DV y las videocámaras digitales, así como otras variantes más asequibles, pero no por ello menos apropiadas para estas tareas, como los estándares miniDV y el microDV, propios de las nuevas generaciones de videocámaras digitales para el mercado de consumo.

Distribución, el último paso
Por último, en este sucinto repaso en el peregrinar del vídeo analógico hacia el versátil formato digital, la distribución del vídeo ha comenzado a realizarse, como no podía ser de otro modo, bajo formato digital, aunque adoptando para ello muy diversas formas. Así, inicialmente, el vídeo informático, suministrado en el popular soporte del CD-ROM, fue el primer medio que utilizó el vídeo digital, al que siguió Internet y en la actualidad el DVD. Finalmente, todos los contenidos de televisión serán emitidos en formato digital HDTV. Cuando se alcance este último punto, la inevitable transición entre el mundo del vídeo analógico al digital se habrán completado en su totalidad. Obviamente, un proceso de tal magnitud no es algo que haya sucedido en unos pocos meses. En concreto, estamos hablando de un período de transición que se inició a principios de los años ochenta y que, según la mayoría de las predicciones, no se completará totalmente hasta dentro de otros diez años más, por lo menos.
Pese al ya largo camino andado en este laborioso proceso, no se puede decir que no existiese algún tipo de referente anterior. Sin la grandiosidad que envuelve a todo lo relacionado al vídeo digital, el mundo del audio también sufrió diez años atrás el correspondiente salto evolutivo del formato analógico al digital. Evidentemente, dicha metamorfosis no conllevaba las dificultadas técnicas asociadas al tratamiento de secuencias de vídeo. Además, el sonido, y especialmente la música, pueden mejorarse estéticamente mediante un proceso analógico, ya que la frescura ocasionada por la distorsión inherente en la señal de audio puede resultar artísticamente agradable. Sin embargo, no ocurre lo mismo en el mundo de la producción de vídeo, una distorsión similar a la de una señal de audio difunde una degradación de la señal de vídeo que muy pocos están dispuestos a tolerar.
En resumidas cuentas, el cambio de lo analógico a lo digital debe dirigirse a todo aquel relacionado con la filmación, edición y distribución del producto de vídeo. Afortunadamente, el mercado informático dispone de una amplia y variada gama de productos destinados a estas labores y que cubren por completo toda clase de necesidades o exigencias en este complejo pero a su vez sugerente terreno.

Las ventajas del mundo digital
Sin duda alguna, la utilización de una tecnología digital aporta sustanciales ventajas y benéficos a todos los procesos relacionados con el tratamiento y edición no lineal de las secuencias de vídeo digital. Sin embargo, existen otros interesantes motivos por lo que el estándar DV mejora sustancialmente las posibilidades y características de los formatos analógicos precedentes.
Para empezar, una de las cuestiones primordiales cuando se habla de vídeo es la calidad de imagen que un sistema determinado puede ofrecer. Sin entrar en demasiadas disquisiciones y engorrosos detalles técnicos para esclarecer cuál es el parámetro más adecuado como referencia en este análisis, ya que existen muchos aspectos a considerar que afectan a la calidad además de la resolución (relación señal/ruido, nivel de compresión, o procesos de señal), tenemos que, teóricamente, el formato de grabación DV ofrece una resolución bastante mejor que el utilizado por las cámaras S-VHS o Hi-8. Y, remitiéndonos a la exactitud de las matemáticas, el estándar DV ofrece una resolución horizontal de algo m&#

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