| Artículos | 01 NOV 2004

Tecnología para la empresa del nuevo siglo

Tags: Histórico
Las necesidades de la empresa actual no se basan en el tamaño de la misma
Ramón A. Fernández.
La informática empresarial ha ido adaptándose a los nuevos tiempos que nos ha tocado vivir. Conceptos tales como la alta disponibilidad, tolerancia a fallos, intercambios en caliente, redundancia, o, simplemente, balanceo de cargas, eran habituales en las grandes corporaciones desde hace años, pero la evolución de la tenología y de los negocios ha llevado a que se conviertan en el pan de cada día de todos nosotros. Nadie se plantea una empresa, a punto de dar el salto a 2005, que no sea capaz de atender las necesidades de sus clientes, empleados y proveedores las 24 horas del día los 365 días de la semana, porque un minuto que se está parado es un minuto que no se hace negocio. Pero nada de esto es nuevo, ¿o sí? Pues sí, existe un detalle que lo ha modificado todo, y es que para tener estas necesidades tecnológicas ya no es imprescindible ser una multinacional con sede en 30 países y miles de empleados, sino una empresa de tamaño pequeño o medio, que tampoco puede permitirse el lujo de dar mal servicio a un cliente.

La pequeña y mediana empresa ha dado el salto al desarrollo tecnológico y esto ha provocado que poco a poco se limen las diferencias entre las necesidades empresariales en lo que a tecnología se refiere. Lejos quedan los momentos en que con un PC para llevar la contabilidad y las facturas una pequeña empresa podía estar al día. El mundo moderno, con Internet como punta de lanza, ha llevado a las empresas a niveles de respuesta ante sus clientes que no les permiten dejar de lado la tecnología. Pero lo cierto es que esta vorágine ha ido más allá, y es que la competencia cada vez mayor que se encuentran las compañías, que tanto luchan por los clientes con una firma de la calle de al lado como con una multinacional japonesa, ha llevado a que la tecnología se constituya como un elemento diferenciador ante la competencia.
Independientemente del tamaño de la compañía, los clientes reclaman un servicio efectivo las 24 horas del día, motivo por el cual las empresas necesitan tener un sistema informático que dé cobertura a estas necesidades. Por tanto, independientemente de los PC que puedan tener conectados a su red, y de la nautraleza de la misma, los servidores se sitúan, por derecho propio, como el elemento clave para que la empresa pueda seguir el ritmo que la realidad impone. Debe tratarse de servidores que den soporte a estas necesidades, pero que también cuenten con otros elementos añadidos que mejoren su rendimiento y su mantenimiento.
Vayamos por partes. Los servidores, como pieza clave que son, deben aportar ese componente de velocidad, fiabilidad, rendimiento, escalabilidad y robustez que necesita toda empresa. Velocidad, porque deben ser capaces de dar una respuesta a lo que el usaurio necesita lo antes posible, y más en un momento en que el tiempo es oro y ningún cliente quiere esperar. Fiabilidad, porque la empresa debe tener la tranquilidad de que el cerebro de su red, su motor principal, no le va a fallar en el momento menos oportuno, y no olvidemos que el momento en que la tecnología no atiende nuestras necesidades siempre es el momento menos oportuno. Rendimiento, porque la empresa necesita dar salida a una gran cantidad de trabajo y no puede verse frenada porque el sistema informático no puede seguir este ritmo de trabajo. Y escalabilidad, porque no tiene sentido contar con un servidor tan caro y tan potente que sólo demos uso a un 5 o a un 10 por ciento de su capacidad, sino que el servidor que instalemos en la empresa debe dar respuesta a las necesidades presentes y ofrecer la posibilidad de crecer, si así fuera necesario, para atender el trabajo futuro.

El servidor que la empresa requiere
Componentes de última generación, tecnologías que optimicen el rendimiento de estos elementos, y configuraciones que potencien el resultado final, son la base para que la empresa encuentre en el servidor que compra aquello que necesita. El servidor debe ser versátil y tiene que representar el máximo desarrollo tecnológico del fabricante, habida cuenta de que la exigencia del cliente será mayor, dado su peso específico en la instalación informática.
Pero debe ofrecer algo más, equilibrio. El rendimiento de un servidor depende de que todos los elementos estén perfectamente equilibrados. De nada sirve el procesador más potente si el sistema de almacenamiento o el bus del sistema no están a la altura, o si la instalación no cuenta con un sistema redundante para asegurar los datos de la empresa. Evidentemente, no todas las empresas necesitan contar con una SAN o con una NAS para sus datos, porque posiblemente el volumen total que tengan de información no lo precise, pero sus datos son tan importantes y trascendentales para ellos como los de cualquier compañía, por lo que deberán contar con un sistema de almacenamiento que les permita, por una parte, solventar sobre la marcha cualquier imprevisto y, además, conservar sus datos en caso de que tenga lugar cualquier contratiempo.

Lo bien hecho, bien parece
Además de los equipos, trabajar con clientes empresariales y profesionales permite a las empresas inmersas en este negocio obtener otra serie de beneficios paralelos. Las políticas de los fabricantes en este terreno son diferentes y, pese a los matices que se puedan hacer en cada caso, las opciones pasan básecamente por dos popciones: dejar todo este negocio perimetral en manos del canal de distribución o compartirlo con él.
En el primero de los casos, los fabricantes preparan al canal de distribución para que pueda diseñar, instalar, configurar, mantener y, en su caso, reparar cualquier instalación en cualquier cliente. Esta forma de actuar necesita una mayor implicación por parte del distribuidor y una relación más próxima por parte del fabricante, pero, a cambio, confiere a los distribuidores un negocio incremental a la simple venta de las máquinas.
Por el contrario, si fabricante y distribuidor comparten este negocio, se establece una atención al cliente en dos niveles, quedando en manos del canal, habitualmente, el servicio de primer nivel, con lo que el negocio colateral no es tan importante.
Sea como fuere, el cliente necesita una solución completa, porque no podemos olvidar que a estas alturas nadie compra tecnología, sino soluciones para su negocio, con lo que no basta sólo con ponerle sobre la mesa las máquinas, sino que hay que hacer que llevar a cabo la instalación para que todo funcione, somo se dice coloquialmente, a las mil maravillas.


Un negocio viento en popa
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Tras unos trimestres un tanto vacilantes en lo que a resultados se refiere, los últimos datos ofrecidos por las consultoras hablan de optimismo en el mercado, y es que el segmento empresarial creció en el tercer trimestre de este año un 21,9 por ciento, poniéndose a la altura, después de varios trimestres, del mercado de consumo.
Según los datos de Canalys, de los 13.047.520 equipos vendidos en EMEA en el tercer trimestre de este año, 8.963.500, un 68,7 por ciento del total, frente a los 4.084.020 sistemas vendidos en el segmento de consumo. Comparadas estas cifras con las del ejercicio anterior, el tercer trimestre contempló la venta de 10.785.150 unidades, con lo que el mercado creció un 21 por ciento, concretamente 21,9 por ciento en segmento profesional, y 19 por ciento en consumo.
Por tipo de producto, de los algo más de 13 millones de unidades, 8.513.910 han sido ordenadores de sobremesa, 4.144.630 port

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