| Artículos | 01 ABR 2006

La fotografía digital, un negocio imparable

Tags: Histórico
Cámaras fotográficas con superzoom
Ramón A. Fernández.
Como se veía venir, en los últimos meses hemos sido testigos del fin de la fotografía analógica. Recientemente Nikon anunció que abandonaba a su suerte el segmento analógico para centrar sus esfuerzos en el terreno digital. Más tarde o más temprano, el resto de los pesos pesados del sector seguirán unos derroteros similares.

Ahora que la fotografía digital ha ganado la batalla al tradicional sistema analógico en todos sus frentes, la oferta de modelos digitales es cada vez más abrumadora. Fiel reflejo de la enorme demanda que, tanto los usuarios domésticos como los aficionados y profesionales, tienen por esta clase de productos.
Basta con repasar rápidamente las cifras de ventas de las cámaras fotográficas digitales para comprobar la notable importancia de este particular negocio dentro de la industria de las TI. Semejantes cifras no hacen sino confirmar que las bondades del formato digital han calado definitivamente entre todo tipo de clientes y que, al mismo tiempo, son capaces de satisfacer todo tipo de exigencias. Nadie pone en tela de juicio ya que la maleabilidad que ofrecen los archivos de imágenes digitales, su sencillo almacenamiento y las enormes posibilidades de retoque posterior, son razones de contrastado peso que inclinan la balanza del lado del mundo digital.

La fotografía digital al alcance de todos los bolsillos
“Cámara digital compacta de 5 megapíxeles, 180 euros. Tarjeta de almacenamiento SD de 512 megas, 35 euros. Una “tarrina” con 50 CD-R vírgenes, 22 euros. Regalar a tu querida suegra un CD con cientos de fotos de sus amados nietos y lograr que acceda a quedarse con los niños todo un fin de semana, no tiene precio...”. Permítannos habernos tomado la licencia de hacer este símil del famoso anunció televisivo de una conocida tarjeta de crédito. Con este simple equipamiento adquirido en una rápida visita al centro comercial más cercano podemos hacer realidad todo un verdadero sueño, disponer de nuestro propio laboratorio fotográfico personal. Obviamente, también necesitaremos del imprescindible concurso del versátil ordenador personal que actúa como maestro de ceremonias mediante el cual centralizar y dirigir oportunamente las operaciones de almacenado, manipulación y distribución de las imágenes digitales y, sin el cual, difícilmente podremos lograr la adecuada coordinación e interacción de los distintos actores implicados en este proceso.
Entre otras muchas posibilidades, una de las mayores aportaciones de esta tecnología es el destierro del tradicional carrete fotográfico, elemento indispensable y de uso exclusivo en las cámaras analógicas. Gracias a esta particularidad se elimina la perentoria necesidad de llevar a cabo el lento y oneroso proceso del revelado tradicional, liberando al usuario de la obligada dependencia que hasta ahora existía hacia el laboratorio fotográfico. Por el contrario, en un sistema digital las imágenes capturadas pueden ser visualizadas instantáneamente tanto en la pantalla LCD que incorpora nuestra cámara digital como en el monitor de cualquier ordenador personal e, incluso, cómodamente en un televisor convencional. Asimismo, las fotografías digitales, pueden ser copiadas una y otra vez sin ningún tipo de limitación y, lo más importante, sin pérdida alguna de su calidad original. En pocas palabras, la mayor versatilidad de la tecnología digital y el ahorro, tanto en tiempo como en dinero, con respecto al sistema de revelado de la fotografía tradicional son ya motivos más suficientes para aconsejar sin ningún tipo de objeción la utilización de los dispositivos y procedimientos digitales.
Salvo que estemos participando en una convención de veteranos reporteros gráficos vanagloriándonos ante las nuevas generaciones de los difíciles y duros que eran los tiempos pasados cuando uno se pasaba media vida en el cuarto oscuro, no hay ya justificación alguna para no hacer uso de las nuevas herramientas y tecnologías digitales. En definitiva y parafraseando nuevamente el eslogan que reza la famosa tarjeta de crédito, “… la nostalgia de las cosas artesanales hechas a mano es algo que el dinero no puede comprar, para todo los demás se impone el masivo uso de la tecnología digital”.

El software de retoque fotográfico, la magia de la imagen digital
La expansión de las cámaras fotográficas digitales sigue aumentando a pasos agigantados y su éxito se encuentra íntimamente relacionado con las herramientas de software que con gran profusión se utilizan para lograr sacar el máximo partido a las imágenes digitales. A este respecto, los desarrolladores de este tipo de programas están realizando constantemente considerables esfuerzos para potenciar las funcionalidades de las mismas según van apareciendo nuevas posibilidades y, al mismo tiempo, proporcionar un entorno de trabajo lo más atractivo y organizado con el fin de posibilitar que estas aplicaciones sean accesibles a la inmensa mayoría de los usuarios.
Sin duda alguna, las amplias posibilidades de manipulación de la imagen digital ha sido, junto con los irrisorios costes de revelado, la principal razón del paulatino abandono de la tecnología y métodos analógicos. Sobre todo aquellos usuarios acostumbrados a usar su cámara analógica que han podido comprobar las casi infinitas posibilidades de manipulación que ofrecen las actuales herramientas informáticas. Tanto es así, que no hace falta tener demasiados conocimientos en cuanto a las artes y procedimientos de retoque y edición para obtener resultados y del todo convincentes.
La mayoría de los usuarios demandan utilidades que no les compliquen en exceso la vida, pero que les permitan llevar a cabo tareas algo más complejas que cambiar el brillo, contraste o el balance del color de sus capturas. Aunque tampoco podemos olvidarnos de los fotógrafos y profesionales del diseño, auténticos virtuosos en la utilización de las difíciles y numerosas funciones que se incluyen en los paquetes del software de retoque fotográfico más sofisticados de clara orientación profesional.
No importa cuál sea el perfil de nuestro cliente, el mercado dispone de abundantes soluciones que se amoldan perfectamente a cualquier necesidad. Otra cuestión será el que nuestro presupuesto nos permita adquirir la solución deseada.

Formato Cuatro Tercios, en busca de un estándar común las réflex digitales
Tomemos como premisa que los objetivos analógicos montados sobre cuerpos digitales, que emplean sensores digitales cuyo tamaño físico es menor que su equivalente analógico de película química de 35 milímetros, hacen que las distancias focales indicadas en los objetivos sean mayores y, por tanto, que exista una considerable una pérdida en la capacidad del gran angular. Es decir, los objetivos convencionales no están optimizados para que la imagen, que recogen a través de su sistema de lentes encaje perfectamente los nuevos sensores digitales y, por consiguiente, no permiten sacar el máximo rendimiento de las cámaras SLR. Por este motivo, y dado que todavía no existe un estándar universal en esta materia, los fabricantes de cámaras digitales indican un factor de conversión (también llamado de multiplicación) a la hora de utilizar los objetivos tradicionales para sus modernos modelos réflex cuyo sensor digital tiene unas dimensio

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