| Artículos | 01 DIC 1996

La evolución de las unidades CD

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Javier Gª Moratalla.

Con este artículo queremos dar comienzo a una sección que brinde al distribuidor la posibilidad de conocer, no sólo las novedades que van apareciendo en este velocísimo mercado, en el que las innovaciones son continuas y la tecnología avanza a un ritmo que nos desborda, sino también ofrecerle los datos mínimos sobre lo que se espera que próximamente aparezca en nuestro sector, poniendo de este modo en sus manos una información que muchas veces le es reclamada por el cliente y sobre la que al menos debería conocer lo que el mercado nos deparará en un futuro próximo.

Las unidades de CD-ROM han alcanzado un nivel de aprovechamiento que las ha llevado a convertirse en parte imprescindible en cualquier ordenador que se precie, tanto a nivel doméstico como a nivel profesional. Baste como dato significativo las previsiones que cifran en el 67 por ciento el número de ordenadores que tendrán instalado un equipo lector de CD-ROM a finales de año. De todos son conocidas las posibilidades que dichos aparatos nos brindan, y enumerarlas sería repetirnos pero sí merece la pena mencionar el vertiginoso ritmo con que estos pequeños aparatos han ido progresando y se han hecho un hueco en nuestros ordenadores.

La tecnología en los lectores de CD ha evolucionado mucho desde que Phillips y Sony definieran en 1984 las especificaciones necesarias (Libro Amarillo) para añadir a las del CD audio (Libro Rojo) y permitir de esta manera el almacenamiento de información en este soporte. Posteriormente, en 1987 se establecieron la normas que regirían el CD interactivo, CD-i, (Libro Verde) que ya introducía como principal característica el vídeo en tiempo real. Fue en 1990 cuando se crearon las normas para la creación de CD con capacidades multisesión (Libro Naranja) lo que permitía añadir datos a los CD grabados en este sistema. En 1993 se publicaron las normas que regirían el Video-CD (Libro Blanco).

Como el CD inicialmente fue diseñado para audio exclusivamente, su adaptación al mundo de la informática requería la adición de cabeceras de datos y sobre todo de sistemas de corrección de errores. Esto llevo a la aparición de dos especificaciones distintas modo 1 y modo 2 (posteriormente conocido como CD-ROM XA). El modo 1 estaba inicialmente diseñado únicamente como unidad de almacenamiento por lo que no contemplaba algunas extensiones multimedia que eran reclamadas por los usuarios. Por su parte, el CD-ROM XA (eXtended Architecture) estaba pensado para poder, entre otras muchas características, simultanear audio mientras se mostraban imágenes.

Si esta evolución en cuanto a los formatos, principalmente los usados en ordenador, fue intensa, mucho más lo fue la que las velocidades de transferencia sufrieron. Cuando aparecieron las primeras unidades de simple velocidad, 150 KB/s, velocidad que se denominó simple por ser la misma que utilizan los equipos musicales de CD, el mercado no se hizo eco del lanzamiento y su éxito fue limitado. Posteriormente, la aparición de las unidades de doble velocidad, 300 KB/s, hizo justicia a las posibilidades que tenían y su mercado se disparó, suponiendo el lanzamiento de la multimedia conjuntamente con las tarjetas de sonido. La aparición de la cuádruple velocidad supuso ya la confirmación del CD-ROM como unidad de almacenamiento no grabable y de amplísima difusión. Una vez llegado a este punto el mercado se disparó y aparecieron continuadamente las siguientes velocidades x6, x8, x10, x12, x16...

Pero, llegados a este punto, debemos comenzar a preguntarnos hacia dónde se va a dirigir el mercado en los próximos meses. ¿Va a continuar la desenfrenada carrera de las velocidades? ¿Van a aparecer nuevas unidades con características distintas? ¿Va a convertirse el CD en regrabable? La respuesta a estas preguntas podría ser sí a todas, pero claro, todo esto son suposiciones y políticas de mercado de los fabricantes, pero quien finalmente lo determine será el mercado y las necesidades de los usuarios finales, marcándonos hacia dónde se encaminará la tecnología. No obstante, en las últimas apariciones, así como en las venideras, tenemos opciones para cada una de ellas, opciones que a más largo plazo se unen.

CD-ROM

La inclusión de una unidad de CD en un equipo ya no es como hace unos años un lujo y un capricho. Hoy es una necesidad que debe incluir cualquier equipo por muy baja que sea su gama y limitadas sus prestaciones. La velocidad que en estos momentos está como estándar es la óctuple, y es la mínima que los fabricantes están distribuyendo en la actualidad, si no cuentan con ninguna de superior velocidad. Por su parte, en lo que a equipos portátiles se refiere, parece que los fabricantes se han decantado por las unidades de séxtuple velocidad.

La evolución del mercado se centra principalmente en conseguir más velocidad de transferencia, el estándar hoy por hoy es la óctuple velocidad (aproximadamente 1.200 KB/s), pero son muchísimas las casas que ya ofrecen el modelo de décuple velocidad (aproximadamente 1.500 KB/s) y sobre todo el de dodécuple (aproximadamente 1.800 KB/s) que parece que en un futuro inmediato se va a estabilizar como estándar, pues casi todos los fabricantes, si no lo han presentado, tienen previsto hacerlo en próximos días. Todavía el precio de coste hace que el usuario se siga decantando por las unidades de óctuple velocidad, ya que son éstas las de menor coste, aparte de ser los modelos mínimos que los fabricantes están construyendo en la actualidad.

En el pasado SIMO, pudimos confirmar por UMD, mayorista oficial de GoldStar, la incorporación por esta firma de un modelo con 16 velocidades, la presentación es inmediata y su comercialización debe ser ya efectiva. Entre las características del modelo de GoldStar podemos destacar una velocidad de transferencia de 2,4 MB/s, tecnología de rotación CAV+CLV (velocidad constante angular + velocidad constante lineal) y un tiempo medio de acceso de 100 ms.

Respecto a las demás marcas parece ser muchas tienen incluidos en sus planes la presentación de unidades 16 velocidades, pero a un plazo más largo, asentando primero los modelos de dodécuple velocidad.

En cuanto a las unidades instaladas sobre equipos portátiles, Hitachi tiene previsto poner, en un futuro no muy lejano, una unidad de dodécuple velocidad.

CD-R

El CD-R es un disco compacto normal que puede ser grabado una única vez en cualquiera de los formatos existentes. Las especificaciones que lo delimitan se hallan definidas en el Libro de Naranja.

Actualmente, los equipos de grabación tienen, por lo general, una velocidad de lectura cuádruple y de escritura doble, soportando multisesión, es decir, podemos continuar realizando la grabación en varias veces. Cualquier aparato grabador de los que actualmente existen en el mercado permite grabar, siempre que contemos con el software adecuado, en casi todos los formatos existentes, CD-ROM, CD-Audio, CD-i, etc.

El principal problema con que cuentan las unidades actuales, además de necesitar todavía el bus SCSI, es el contar con un ordenador que garantice la velocidad de transferencia, ya que en cuanto ésta no alcanza la de escritura del CD-R por cualquier motivo, produce un error que nos haría perder un disco.

Estos errores son muy habituales cuando la configuración del equipo no es la apropiada, o cuando se está usando una velocidad superior a la que el equipo puede asegurarnos.

El tiempo de grabación de un CD-R a simple velocidad es de 74 minutos (siempre que el CD estuviera completamente lleno de datos, es decir, aproximadamente 650 MB). Este tiempo se convertiría en 37 minutos si el aparato estuviera funcionando a doble velocidad. Pero, como todos sabemos, este tiempo luego se convierte en muy superior debido al procesamiento previo de los ficheros que realiza el software, tanto para su organización como para tratar de m

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