| Artículos | 01 ABR 2002

El irresistible poder de Gigabit Ethernet

Tags: Histórico
Máximas prestaciones y rentabilidad para la LAN
Ramón A. Fernández.
Es sabido que Ethernet domina hoy el mundo LAN arrinconando cada vez más a Token-Ring y, al mismo tiempo, contrarrestando el empuje ATM cuando Fast Ethernet se impuso en las conexiones de sobremesa. Con posterioridad, ATM también empezó a ceder terreno en las redes troncales de campus a medida que la conmutación de Nivel 3 y Gigabit Ethernet se convertían en una alternativa real y altamente efectiva. Ahora, Gigabit Ethernet está siendo utilizado, además, en algunas redes de área metropolitana (MAN) y ya se está trabajando en 10 Gigabit Ethernet tanto para MAN como WAN. ¿Se puede pedir más?

Cifras que hace poco tiempo eran tan sólo un sueño, hoy son ya una realidad. Gigabit Ethernet, la respuesta más reciente y económica de la industria para satisfacer las crecientes necesidades de ancho de banda para redes LAN, está acaparando la atención de muchos administradores de red deseosos de mejorar sus infraestructuras para afrontar los diversificados y complejos retos del futuro.
Bien es cierto que existen otras opciones de alta velocidad, pero ninguna tiene el enorme atractivo de estar basada en el extendido Ethernet con el que una buena parte de las empresas de todo el mundo llevan trabajando y obteniendo magníficos resultados durante años. A su favor, los bajos costes de implantación, frente a otras alternativas, así como la protección de la inversión para los cientos de millones de nodos de productos Ethernet instalados, que ha consagrado rápidamente la rentabilidad de esta nueva tecnología. Entre sus muchas ventajas, su capacidad de escalar desde 10 hasta 100 y 1.000 Mbps constituye el factor de mayor peso que garantiza una plena compatibilidad entre los distintos nodos de las redes Ethernet.
Como tantas otras veces, antes de la aprobación definitiva de la especificación Giga Ethernet, la 802.3z, en el mes de junio de 1998 la mayoría de principales fabricantes en el mundo de las redes informáticas ya contaban con productos Gigabit Ethernet, de acuerdo con los borradores de la norma. Sin embargo, lejos del triunfalismo del marketing, esta primera especificación no tuvo el desmedido crecimiento que muchos analistas vaticinaron en sus inicios, ya que el paso obligado del práctico y económico cable de par trenzado a la fibra óptica, implicaba nuevas inversiones que pocos entornos estaban dispuestos a realizar. Aún con todo, su adopción fue bastante satisfactoria, ya que ofrece una relación precio/prestaciones inmejorable respecto al resto de tecnologías LAN de alta velocidad.
La consolidación definitiva del estándar llegó cuando se ratificó la norma IEEE 802.3ab de interfaz de cobre 1000Base-T. Como era de esperar, la posibilidad de conectar dispositivos de red a velocidades de Gigabit Ethernet utilizando o aprovechando el convencional cable de par trenzado de categoría 5, acabó por derribar las excusas que esgrimían los administradores de redes más reticentes.

Un crecimiento difícil de cuantificar
Es cierto que Gigabit Ethernet es una tecnología que proporciona una elevada velocidad en la transmisión de datos, ancho de banda, pero la inevitable pregunta que se realiza cualquier responsable en temas de networking es saber, a ciencia cierta, si su decisión resulta la más adecuada para su red. Es decir, si verdaderamente nuestra red corporativa precisa, o precisará en un futuro inmediato, el ancho de banda que proporciona Gibabit Ethernet o si, por el contrario, nuestras necesidades, actuales y futuras, están sobradamente cubiertas con la infraestructura de red existente.
Obviamente, la respuesta sólo puede venir de una valoración completa de extremo a extremo, examinando dónde, cuándo y por qué se debe implementar un mayor ancho de banda. Todos los potenciales cuellos de botella han de ser analizados: equipos de sobremesa, servidores, puntos de agregación de centro de datos y troncales. Pudiera darse el caso de que, en determinados entornos y tras un pormenorizado análisis, no se tuvieran todavía signos evidentes para llevar a cabo una mejora en el ancho de banda de la red corporativa. Sin embargo, actualmente la eficiente explotación de aplicaciones como data warehousing, vídeo bajo demanda, videoconferencia, voz sobre IP o, incluso, el uso de Internet a nivel corporativo, requieren de un enorme ancho de banda y funcionalidades especiales, excediendo con mucho la capacidad de la tecnología Fast Ethernet.
Por descontado, el siguiente paso en la búsqueda de mayores de prestaciones está en la siguiente generación tecnología Ethernet a 1.000 Mbps y, concretamente, en el estándar Gigabit Ethernet en sus diferentes implementaciones.

Gigabit, Ethernet a la máxima potencia
En cualquier caso, el hecho de añadir ancho de banda, aunque sea Gigabit, no deja de ser una solución pasajera y bastante simplista de la situación, que en absoluto toma en consideración otra serie de problemas asociados con la complejidad de las redes informáticas. Así, además de un buen ancho de banda, nunca está de más disponer de algún nivel de control sobre el mismo, una necesidad que se acrecienta, día a día, con la masiva implantación de aplicaciones de misión crítica y la utilización herramientas multimedia. Por tanto, habrá que examinar dónde encaja el “control de red” y la “fiabilidad” dentro de este rompecabezas de la alta velocidad, en el que se mezclan conceptos como clase y calidad de servicio, RSVP, 802.1Q/p, VLAN, routing y conmutación de Nivel 3 y 4. A este respecto, cuando se realiza un estudio sobre la conveniencia o no de migrar a Gigabit Ethernet, no hay que pasar por alto sus prestaciones de trunking o agregación de enlaces. Básicamente, es una técnica capaz de soportar múltiples enlaces activos paralelos punto a punto entre conmutadores o entre un conmutador y un servidor, destinada a proporcionar un mayor ancho de banda entre dispositivos, al tiempo que posibilita el establecimiento de enlaces redundantes. De este modo, mediante la agregación de enlaces se pueden establecer mecanismos que permitan el balanceo de carga en el tráfico de red y, además, garanticen la fiabilidad del entorno al contar con enlaces múltiples redundantes.
Por otra parte, de cara a la gestión y control del tráfico entre subredes, el aislamiento de los fallos y el control de protocolos, entre otras funciones que se deben efectuar sobre las infraestructuras, dispositivos y aplicaciones de red, la tendencia actual pasa por la implantación de conmutadores de Nivel 3 y 4, frente a los tradicionales encaminadores (routers) basados en CPU de propósito general, cuestión que se ha hecho todavía mucho más prioritaria con la llegada del Gigabit Ethernet y su elevada velocidad de transmisión.
En el constante desarrollo de los conmutadores y con el fin de dotar a estos de nuevas capacidades y prestaciones, los últimos avances tecnológicos en este segmento de mercado han hecho posible la aparición de conmutadores de Nivel 3 (nivel de red) capaces de enviar paquetes a la velocidad del cable por medio de la utilización ASIC (Application-Specific Integrated Circuits), que integran la inteligencia propia de los encaminadotes en el hardware del conmutador, dispositivo que teóricamente trabaja a Nivel 2 del conocido modelo OSI. Esta capacidad de análisis permite que el conmutador efectúe múltiples y simultáneas operaciones de exploración y enrutamiento sobre el tráfico de red. Adem

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