| Artículos | 15 OCT 2000

Discos duros

Tags: Histórico
Manantiales de información
Ramón A. Fernández.
A simple vista, los actuales discos duros no parecen haber cambiado mucho físicamente respecto a sus antecesores de hace un año. En cambio, en los últimos doce meses se han sucedido importantes novedades tecnológicas en el mercado de los discos duros. Es hora, por tanto, de que el dealer, conozca y esté al tanto de las últimas tendencias en este competitivo sector.

Si el adjetivo espectacular puede servir para describir de algún modo el desenfrenado ritmo de crecimiento en MHz que cada pocos meses experimentan los procesadores de los ordenadores personales, monumental es la palabra que mejor se ajusta a la evolución y desarrollo tecnológico mantenido en el sector de los discos duros durante estos dos últimos años.
En esta frenética carrera por conseguir mayores prestaciones y capacidades, nadie quiere quedarse rezagado, y cada una de las empresas implicadas en este competitivo mercado están constantemente sorprendiéndonos con nuevas unidades que superan ampliamente las prestaciones de sus antecesoras, sin que ello influya drásticamente en el precio final de éstas.
Tal es el empuje que, al mismo tiempo que se desarrollan nuevas tecnologías para elevar las prestaciones tanto en capacidad de almacenamiento como en su velocidad de transferencia de datos, las interfaces de conexión clásicas, IDE y SCSI deben renovarse a mismo ritmo si no quieren ser las causantes de entorpecer la fluida transferencia de información entre el disco y el sistema. Ultra ATA/100 y SCSI 160/m, son las nuevas apuestas del sector para abastecer de datos al sistema a la mayor velocidad posible.
Pero como ya hemos adelantado, no han sido pocas las mejoras técnicas introducidas en el diseño y constitución de la última generación de disco duros. Al lógico aumento en la velocidad de giro experimentado en ambas gama de productos, estandarizándose respectivamente en las 7.200 y 10.000 rpm. para los discos IDE y SCSI, se ha unido un desproporcionado crecimiento de la densidad superficial llegando a valores que pocos eran capaces de vaticinar. Por poner un ejemplo, en los discos duros SCSI este parámetro ya alcanza los 7,7 GB por pulgada cuadrada, mientras que los discos IDE van un poco más allá y ya superan con comodidad los 10 GB pulgada cuadrada.
Pero a pesar de estas relevantes cifras, los distintos fabricantes no quieren ni pueden dormirse en los laureles de los éxitos conseguidos hasta la fecha conseguidos. Buena muestra de ello es que Seagate ya tiene en el mercado una nueva familia de discos duros, la Cheetah X15, con una velocidad de giro de 15.000 rpm., todo un "Fórmula 1", e IBM, el precursor del disco duro entre otras tantas cosas, ha anunciado la inmediata aparición de una familia de discos duros Deskstar 40GB, la cual aunque tiene una velocidad de giro de 5.400 rpm. presenta un cifra récord de 14.500 millones de bits por pulgada cuadrada como densidad superficial.
Como puede comprobarse, la feroz competencia del sector está propiciando un vertiginoso incremento de las prestaciones y capacidades, en perfecta sintonía con las posibilidades multimedia, edición de vídeo digital o alta disponibilidad, entre otras, de los actuales equipos y sistemas informáticos. Además, el tratamiento impuesto a los nuevos disco duros para su fulgurante desarrollo no tiene ningún efecto secundario en el bolsillo del usuario final, ya que los costes en origen se mantienen en la misma línea, según el nivel de prestaciones, a los impuestos hace ya algunos años, cuestión que principalmente satisface al cliente final.

La capacidad no quita lo valiente
Obviamente, los usuarios ya sean domésticos o corporativos exigen, cada nuevo día que pasa, mayores requerimientos a sus casi siempre saturados discos duros, tanto en prestaciones como en capacidad. Esta constante demanda de prestaciones viene motivada por el inevitable crecimiento de las capacidades de todos y cada uno de los componentes de un ordenador. Aunque ya se ha dicho por activa y por pasiva en más de un artículo de esta revista, no nos cansaremos de repetir que cualquier sistema informático está formado por multitud de subsistemas, y que para lograr un rendimiento óptimo, todos ellos deben estar adecuadamente compensados. En principio, la tripleta procesador, memoria y chipset forman el núcleo duro de un ordenador. En un segundo lugar, y en relación con el tema que hoy nos concierne, los subsistemas gráfico y de almacenamiento juegan un papel determinante en el buen hacer de cualquier equipo informático.
Lamentablemente, el disco duro suele ser el patito feo o el convidado de piedra, como ustedes prefieran, dentro de un ordenador. ¿Cuántos clientes suelen informarse por la marca del disco duro que van a adquirir? ¿Y cuántos de estos, se interesan por sus especificaciones técnicas, como su tasa de transferencia sostenida, o el tiempo medio de acceso? A esa clase de usuarios les basta y les sobra con conocer únicamente la cantidad de GB de la cual hace gala su perpetuo almacén de datos. Como bien sentencia esta frase: "La ignorancia es atrevida". Por tanto, para aconsejar debidamente a nuestros clientes resulta del todo necesario saber con minucioso detenimiento todos y cada uno de los factores determinantes en un disco duro que indican su mayor o menor rendimiento. Asimismo, conociendo todas las circunstancias que rodean la constitución y prestaciones de un disco duro, se está en condiciones de recomendar la utilización de un disco u otro, independientemente de su capacidad pero con arreglo a las necesidades del cliente, sopesando para ello el tipo de equipo al que está destinado el disco, la clase de trabajo que va a desarrollar con el ordenador, la importancia de fiabilidad de los datos y, por su puesto, cómo no, la cantidad aproximada de datos que debe manejar.
Además, el disco duro es el encargado de albergar todos los datos que habitualmente utiliza el ordenador de una forma casi inmediata. Esta condición de almacén de información le convierten en uno de los componentes de vital importancia de cualquier sistema informático debido a que cualquier avería que provoque la pérdida de los datos contenidos en su interior supone un grave contratiempo, si no se ha tenido la precaución de tomar las medidas oportunas. Un percance de esta magnitud, que afecta por igual a particulares como a empresas, resulta ser mucho más habitual de lo que uno puede llegar a imaginar, ya que cualquier virus relativamente maligno o un inesperado corte de luz puede provocar desastrosos efectos en la integridad de los datos del disco. Igualmente, sus consecuencias son, en el mejor de los casos, la pérdida de archivos del sistema que obligan a la realización reinstalación o restauración del sistema operativo o de algún que otro controlador. Pero, los menos afortunados, tratarán en vano de recuperar los archivos del proyecto o el informe que tenía que tener terminado a primera hora de mañana, maldiciéndose una y otra vez por no haber hecho ni siquiera una simple copia en un disquete.
En síntesis, el disco duro no puede ser considerado únicamente como un simple contenedor de datos, en el cual su mayor o menor capacidad sea la única característica que el usuario tenga para comparar entre una y otra unidad, independientemente del casi siempre decisivo precio. Como hemos tratado de explicar, además de la importancia que tiene la fiabilidad a la hora de la salvaguarda de la información en un dispositivo de esta naturaleza y convenientemente apoyado por un sistema y

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