| Artículos | 15 JUN 2001

Cámaras digitales de vídeo

Tags: Histórico
El cine en la palma de la mano
Ramón A. Fernández.
En todo proceso relativo a la producción de vídeo, ya sea dentro del ámbito puramente profesional o como simple aficionado doméstico, la videocámara representa el punto inicial de partida. Obviamente, de sus prestaciones y características dependerán, en gran medida, el resto de los pasos que deben desarrollarse en la edición digital de vídeo.

Según reza nuestro extenso y didáctico refranero español, lo que bien empieza, bien acaba. Efectivamente, si lo que deseamos es obtener vídeo de calidad, utilizaremos toda una serie de elementos capaces de proporcionarnos dicha calidad. Dicho de otro modo mucho más explícito y cercano a la vida real, cuando alguien quiere ver una película en las mejores condiciones, la solución pasa por ir a una sala de cine y disfrutar de los últimos adelantos de la técnica en imagen y sonido. Creo que a nadie se le pasa por la cabeza, por muy cómodo que sea, cuando se demanda calidad al más alto nivel, alquilar dicha película en un videoclub y reproducirla en el maltrecho vídeo VHS en combinación con una televisión que carece de sonido estéreo.
Naturalmente, no podemos pedir peras al olmo, y si lo que se quiere es tener una cierta calidad de imagen, deberemos contar inicialmente con dispositivo capaz de interpretar y capturar con la máxima precisión posible la realidad del mundo exterior. De poco servirán las infinitas prestaciones de la mejor de las estaciones gráficas si el material fuente con el que trabajar es de ínfima calidad. El resultado final, por mucho que uno se esfuerce en camuflarlo o maquillarlo con ciertos filtros o efectos, será, en la mejor de las ocasiones, de igual calidad al original, aunque con una acusada tendencia empeorar si no se toman ciertas precauciones.
Como es fácil entender, las videocámaras juegan un papel determinante en la producción de vídeo. Por ello, a continuación se van a repasar una serie de aspectos de la máxima importancia que deben tenerse muy presentes a la hora de elegir el dispositivo capaz de satisfacer la demanda de necesidades que requiere la calidad del trabajo a desarrollar.

La óptica
Sin lugar a dudas, el primer y fundamental grupo funcional de toda videocámara es su óptica, término que se suele asociar al objetivo de dicho dispositivo. No es de extrañar, por tanto, que las variables relacionadas con el objetivo de la cámara tengan una influencia decisiva en la calidad final de la producción en vídeo. Concretamente, la parte óptica de la cámara se encarga de recoger la luz de la imagen real que hay en el exterior con la mayor precisión y calidad posible, y proyectarla sobre la superficie de los sensores de imagen.
Esta callada labor, que en principio no aparenta ser demasiado compleja y poco relacionada con la propia tecnología digital, es de vital importancia, tanto o más que la siempre significativa cifra de la resolución del sensor CCD.
Bien es cierto que algunos clientes se suelen detener algunos instantes en preguntar por las características de la óptica, pero lamentablemente sólo se fijan en una cualidad poco significativa, el zoom. Sin desmerecer más de lo debido, también es importante disponer de un buen zoom, pero siempre basándose en las capacidades de la óptica, es decir, zoom óptico, ya que el zoom digital deteriora la calidad de imagen. Nuestro razonamiento se fundamenta en que una óptica con muchos aumentos permite el correcto enfoque y encuadre de objetos muy distantes del objetivo. Sin embargo, el zoom digital, es un “sustituto barato” que mediante el empleo de la electrónica en su estado puro, permiten seleccionar el área centra de la imagen agrandándola proporcionalmente para conseguir un elevado pero poco aprovechable factor de aumento. Por otra parte, el empleo de un objetivo de calidad y gran capacidad de aumento implica la utilización de un mayor número de lentes que complican en exceso el mecanismo, propiciando, además, la aparición de posibles aberraciones ópticas y dando lugar a una óptica oscura que necesitará de mayor intensidad luminosa para conseguir un óptimo rendimiento.
Independientemente de este parámetro tan llamativo de cara al usuario, lo verdaderamente interesante es tener en cuenta que las propiedades de la óptica están directamente relacionadas con el tamaño del sensor de imagen. En otras palabras, cuanto mayor es el tamaño del sensor (mayor número de pixels), mayor deberá ser la óptica encargada de enfocar los rayos hacia la superficie del propio sensor. No entraremos en los motivos que inducen este comportamiento físico, simplemente comentaremos que si esta relación no se cumple adecuadamente las imágenes no podrán enfocarse con la nitidez suficiente. Obviamente, hay otros motivos que aconsejan la utilización de objetivos de pequeño tamaño, aunque todos ellos dirigidos a conseguir una videocámara de reducidas dimensiones y peso.
En este sentido, resulta del máximo interés, aunque los aficionados siempre lo olvidan, contar con un objetivo que tenga una buena apertura gran angular, para lo cual habrá que fijarse en las equivalencias respecto a las cámaras tradicionales de 35 mm. Igualmente, es sumamente trascendental que el sistema de autofocus sea rápido y preciso e, incluso, que permita realizar el enfoque manual. Asimismo, nunca está de más disponer de un modo de bloqueo del foco, para paliar el mal comportamiento del sistema de autofocus en ciertas condiciones difíciles.
Por otra parte, con el objeto de mejorar la calidad de los rayos que incidirán en el sensor CCD, se antepone un filtro óptico para eliminar la parte del espectro no visible, en concreto se elimina el infrarrojo y el ultravioleta. Pero ante la aparición de las cámaras con capacidades de visión con iluminación cero "Night Shot" (visión nocturna por infrarrojos), este filtro debe retirarse temporalmente.
Por último, en cuanto al diámetro de la rosca para filtros, el tema es caótico. Por desgracia, cada fabricante, incluso en modelos diferentes de una misma firma, puede tener uno distinto. La mejor opción y consejo que agradecerán muchos clientes que prevean el uso de filtros, es tener presente dicha disponibilidad en un futuro mediante la adquisición de cámaras que dispongan de un diámetro estandarizado.

El sensor CCD
En segundo lugar, los rayos de luz tras atravesar el objetivo de la cámara son conducidos hasta el elemento encargado del realizar la conversión de los diferentes haces luminosos que conforman las imágenes en un conjunto de señales eléctricas.
Este especializado elemento no es otro que el conocido sensor CCD (Charged Coupled Device). Muy brevemente, hemos de decir que un CCD es un diminuto dispositivo electrónico que tiene la particularidad de cargase y generar una señal eléctrica de mayor o menor amplitud, según la cantidad de luz que reciba. Pero con un sólo CCD poco se puede hacer, en cambio si se construye una matriz reticular en la que se dispongan, debidamente ordenados, CCD en cada una de las celda será posible la representación digital de una imagen luminosa.
No obstante, no todo es tan sencillo como pueda parecer, y en función del número de CCD que compongan la matriz, así como del tamaño de ésta, se podrá obtener una mayor o menor calidad de imagen.
En primer lugar, resulta totalmente lógico pensar que a mayor número

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