| Artículos | 01 NOV 2003

Barebones: un mercado en plena expansión

Tags: Histórico
Ramón A. Fernández.
Tras estos últimos meses en los que el negocio de las nuevas tecnologías parece que está dejando atrás una crisis de considerable calado y dimensiones, no hay mejor formar para levantar el sector que renovar ilusiones y proponerse nuevas metas y objetivos. En este sentido, y dentro del competitivo mercado de los PC, los barebones representan una conocida apuesta comercial pero bajo nuevos y atractivos formatos, incluida su renovada denominación. Sin duda alguna, el fuerte tirón experimentado por esta clase de productos es un inmejorable motivo para dar a conocer técnicamente qué se esconde detrás de la enigmática palabra de “barebone” y sus verdaderas implicaciones en el canal de distribución.

De todos es sabido que no hay dos personas que tengan los mismos gustos, aficiones y necesidades, incluso si ambas comparten el mismo código genético. Por lo tanto, y conocida la variedad reinante en el inmenso universo del mercado informático, a nadie le debe extrañar que un determinado producto resulte inmejorable para unos y pésimo para otros. Obviamente, lo ideal es conseguir que dicho producto se ajuste, en la pedida de lo posible, a las necesidades genéricas y comunes de una amplia mayoría de personas. De este modo, sus posibilidades de éxito en el mercado serán mucho más elevadas.
Esto mismo, visto desde el punto de vista opuesto, podría interpretarse como el esfuerzo de las distintas firmas comerciales por cubrir las variadas y múltiples exigencias de los clientes. Es decir, con arreglo a las diferentes particularidades y necesidades de los usuarios, los fabricantes amoldan su amplia oferta para tratar de abarcar el mayor número posible de clientes y mercados, si bien existe una notable dificultad en conseguir que determinados productos se adapten de la mejor forma posible a un mayor número de ellos, especialmente si estos tienen que ver con aspectos tecnológicos de frecuente modernización.
Entrando de lleno en el argumento que este mes ocupa nuestro Tema de Portada, el segmento comercial de los ordenadores personales, éste es, a todas luces, una de las principales conquistas de un buen número de fabricantes, ya sea directa o indirectamente, así como de la inmensa mayoría de los distribuidores. Consecuentemente, la oferta disponible para satisfacer a un creciente número de usuarios informáticos al tiempo que hacer frente exitosamente a la paulatina integración de las tareas cotidianas del ser humano en el seno de versatilidad y flexibilidad de la tecnología digital, es simplemente descomunal.

Mundos opuestos
En cualquier caso, en el difícil reto de englobar a todo tipo de usuarios o clientes, el particular mercado de los ordenadores personales, el característico PC que todos hemos visto alguna vez, presenta actualmente dos posibilidades bastantes diferenciadas. Por un lado, tenemos un sector bastante definido, donde las grandes firmas ofrecen verdaderas y completas soluciones integrales, además de disponer de una mayor infraestructura para la asistencia técnica en todo momento y lugar. Todo ello da lugar, por norma general, a unos productos de contrastada fiabilidad y calidad en su fabricación, buen acompañamiento de software, notable servicio técnico y elevado precio final.
En el extremo opuesto existe otro tipo posible de cliente que no puede permitirse un desembolso económico tan elevado, sobre todo si suele actualizar su equipo constantemente con las últimas novedades aparecidas en el sector, el cual prefiere renunciar a diferentes consideraciones en busca de un menor precio final o, a igualdad de coste, mayores prestaciones. En este caso, y favorecida por la extremada sencillez constructiva y la elevada modularidad de los componentes que conforma todo PC, hay empresas que ofrecen ordenadores personales, ya sea en formato de sobremesa o portátil, que son simplemente un relativo sencillo “mecano” de piezas y elementos adecuadamente conjuntados y ensamblados. En consecuencia, al margen de las habituales pautas de las grandes firmas comerciales, se abre una alternativa que tiene directa e importante repercusión en el canal de distribución para un sinfín de empresas, generalmente más modestas, que en su legítimo afán por sacar una buena tajada del suculento negocio de las nuevas tecnologías apuestan por ofrecer configuraciones más agresivas y ajustadas a las moderadas pretensiones de los usuarios domésticos y entornos SoHo.

Flexibilidad, el atractivo de los ensamblados
Por norma general, además del consabido factor precio, la principal ventaja esgrimida que ofrecen los equipos presentados por las casas ensambladoras frente a los ordenadores de las grandes firmas, es una mayor versatilidad de configuraciones en el hardware y opciones de ampliación, permitiendo adaptar esta configuración a las necesidades particulares y específicas de cada usuario y, de este modo, adecuar las prestaciones y capacidades del ordenador al presupuesto inicialmente propuesto. Como contrapartida, el software suministrado, sistema operativo y controladores de los dispositivos instalados, básicamente, no pasa de ser más que un hecho meramente anecdótico, en comparación con el numeroso y completo conjunto de aplicaciones adjuntadas en las soluciones propuestas por las multinacionales.
Dicho de otro modo, cualquier equipo ensamblado, en función de su configuración final, puede realizar las típicas funciones de cualquier ordenador personal doméstico o presentarse como un sistema de bajo coste más adecuado para su uso de oficina. Es más, a pesar del sustancial ahorro que muestran estas soluciones, hay equipos que incluso pueden equipararse tanto por prestaciones como por potencia a las más sofisticadas y avanzadas estaciones de trabajo.
Por otra parte, y con arreglo a los diseños más vanguardistas aparecidos en el mercado, podemos comprobar como muchas de estas flexibles soluciones se muestran como excelentes equipos de diseño, aspecto que los convierte en factibles equipos de salón.
Pero no acaban aquí las aplicaciones de estos versátiles equipos. A este respecto, y dado el contenido tamaño que suelen exhibir, no resulta nada descabellado pensar en ellos como ordenadores de moderada portabilidad, de hecho algunos modelos incluyen una práctica funda de transporte.
Para terminar con este punto y puestos a sacar el máximo partido a este práctico formato, hay quienes han apostado por emplear esta clase de originales equipos como compactos servidores apilables. Bien es cierto que el diseño en forma de cubo favorece su ordenada disposición y apilamiento así como su interconexión en red, con el objeto de hacerlos trabajar armoniosamente en cualquier tarea que exija un elevado número de recursos de hardware y software. No obstante, los amantes de las soluciones con funciones que favorezcan las tareas de mantenimiento preferirán otras alternativas mucho más normalizadas y sencillas de gestionar. En cualquier caso, estamos ante un tipo de solución que ofrece, tanto a los usuarios como al distribuidor, una notable versatilidad en su configuración y, por tanto, capaz de abarcar un mercado de lo más heterogéneo.

Una nueva denominación para un viejo concepto
Pese a que el concepto de equipo ensamblado sea un término bastante conocido tanto por el mundo de la distribución como por los clientes, no se puede decir que ocurra lo mismo con su nueva denominación. Para aclarar posibles malos entendidos de unos y de otros en la correcta acepción de esta n
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